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Desde el 5 de febrero de 2024 en que el Presidente anunció los cambios que quiere hacer en la Constitución, la elección de junio tomó un cariz cualitativamente distinto al que tenía.

Dejó de ser una elección entre la continuidad o el cambio de las políticas públicas de la llamada 4T y empezó a ser una elección entre cambiar o no de Constitución.

Ya no la puja por ponerle un “segundo piso” a la llamada 4T, como había dicho hasta entonces Claudia Sheinbaum, sino la puja por hacer un edificio distinto, con otra Constitución, otro reparto de poderes, garantías y representación política.

Las diferencias entre uno y otro edificio las ha ido refiriendo con detalle Sergio López Ayllón en sus artículos de MILENIO de las últimas semanas.

Recomiendo su lectura cuidadosa porque cada detalle del nuevo edificio es más preocupante que el otro; sus consecuencias políticas antidemocráticas apenas pueden exagerarse.

El edificio constitucional que quieren López Obrador y su candidata supone un cambio profundo de nuestro régimen político, en el rumbo de un hiperpresidencialismo de partido hegemónico que pueda someter, legalmente, a los otros poderes de la Unión, y ni qué decir a los ciudadanos.

Otro análisis imperdible de las implicaciones del nuevo edificio puede leerse de la pluma de José Ramón Cossío, en el número de abril de Nexos: “AMLO: desvarío y peligro constitucional”.

Este es el verdadero dilema de junio: elegir entre un diseño de presidencialismo absolutista o el arreglo democrático vigente aún en nuestras leyes fundamentales.

Si alguien duda del propósito presidencial autocrático de las reformas constitucionales propuestas por AMLO y adoptadas por Sheinbaum, puede leer estos artículos o asomarse a revisar, como un síntoma de intenciones, dos de las leyes que los legisladores de Morena procesan hoy a las volandas en el Congreso:

Una de esas leyes es para suspender los efectos del derecho de amparo. La otra es para dar al Presidente facultad de indulto discrecional a delincuentes.

Terminará indultando a los delincuentes que ha protegido en su gobierno y a sus amigos de Badiraguato, de quienes dijo, increíblemente, en 2017, que debían ser amnistiados para contener la violencia (Univisión, “López Obrador propone amnistía para los narcos a cambio de alcanzar la paz en México”, 3 de dic. de 2017 en YouTube).