
La omisión como sinónimo de complicidad en Tulum
El argumento que el mandatario estadounidense sigue esgrimiendo en sus amenazas contra México, no contra la Presidenta Sheinbaum, no contra el gobierno sino contra nuestro país, es la complicidad de autoridades con criminales. Tema de difícil argumentación frente a hechos como los sucedidos este fin de semana en Tulum, Quintana Roo.
En lo que fue uno de los desarrollos turísticos más prósperos del mundo, de cara a su decadencia y fracaso, se permitió como otros años un festival de música electrónica. Que todos en esa localidad, en el Estado, saben que es un mercado de droga. A drogarse vienen los turistas, a vender droga vienen todos los demás.
Abiertamente. Con una tolerancia oficial que debe tener una explicación. Y que si no está inserta en la corrupción, en la complicidad, lo está en una omisión igual de criminal.
La desidia inmensa de todas las autoridades. Comenzando por las municipales, pasando por las estatales y llegando a las federales. A ninguno le interesa detener estas actividades que no pueden llevar a ningún destino positivo. Que, lo estamos viviendo, conllevan violencia y asesinatos.
El fin de semana, en plena actuación de un famoso pinchador de discos, o como se les quiera llamar, en uno de los sitios más concurridos, se asesino a un trabajador eventual, del festival, argentino. Y se hirió a tres ciudadanos más. Lo que se ha pretendido acallar, ahora si con intervención oficial, con el silencio de las autoridades.
Las versiones periodísticas son fragmentadas y confusas. La noticia se conoció porque se publicó en Argentina y rebotó hasta Quintana Roo donde su muerte no es, como tantas otras, sino una “consecuencia de enfrentamientos por narcomenudeo”. De las, los asesinatos, que el Estado lleva el récord mundial. Casi el cien por ciento de los crímenes que ahí suceden son, justamente, por la droga.
¿A quién le importa? No a la gobernadora Mara Lezama, más ocupada en lucir su inmensa colección de “huipiles mayas” y cambiarse, al menos, siete veces cada día para asistir a todo tipo de eventos populistas.
En Quintana Roo, sobre todo en Tulum y ahora en Holbox, los trabajadores de restaurantes y hoteles son de nacionalidad argentina. El Instituto Nacional de Migración es totalmente ciego a ese respecto. Jamás hacen una revisión. Ciudadanos argentinos que, además de ocupar un empleo que debe ser para un mexicano, discriminan a los connacionales. Lo que originó en gran medida en fracaso de Tulum.
Quienes no obtienen un empleo “temporal” se dedican a la venta de todo tipo de artículos, en las playas y las calles de Holbox, de Playa del Carmen, de Tulum. Venden ropa, venden empanadas, venden panes, y sobre todo venden droga.
En los festivales de música electrónica que ha habido en Tulum la abundancia de droga es tal que cuando los turistas se van, estos estupefacientes son abandonados cerca de centros comerciales y se promociona su existencia. Como si fuesen regalos, en distintas redes sociales se da aviso. Imposible que las autoridades ignoren esta realidad.
El crimen del ciudadano argentino no fue el primero del año, en la madrugada del día primero de enero “sujetos armados rafaguearon un domicilio”, con saldo de un muerto, y dos heridos. El día ocho del presente mes, mataron a un “desconocido” a las ocho de la noche en una avenida del centro de Cancún, en la manzana 210, cuando se dirigía a una farmacia, mataron a balazos a una joven de 20 años… y podríamos seguir enumerando.
Esta realidad no puede ser ignorada por la gobernadora Mara Lezama. ¿Se hace algo para encontrar a los asesinos, para controlar la violencia, par romper la impunidad de estos crímenes, para evitar la venta y consumo ilegales de droga? Todo indica que ella, y sus colaboradores, sus autoridades, sus policías, son omisos.
Por este tipo de omisiones, voluntarias o forzadas, mera negligencia tal vez es que el Presidente Donald Trump afirma que hay complicidad del gobierno con los criminales. Y, también, por estas omisiones, es que amenaza con invadirnos…
Isabel Arvide / @isabelarvide