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Putin y Zelenski, la historia de una enemistad marcada a fuego por la guerra
Fotos de EFE

Los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y Ucrania, Volodímir Zelenski, han forjado con el paso de los años una profunda enemistad marcada a fuego por la guerra, ya que el actor reconvertido en jefe de Estado demostró ser un hueso mucho más duro de roer de lo que esperaba el Kremlin.

Putin y Zelenski solo se reunieron una vez, en diciembre de 2019 en París, y a día de hoy, tanto en Moscú como en Kiev, cuesta mucho imaginar un cara a cara entre ambos dirigentes sin intermediarios, pese a la insistencia del presidente de EE.UU., Donald Trump.

Aunque son de generaciones diferentes, Putin cumplirá en octubre 73 años y Zelenski tiene solo 47, los dos nacieron en la Unión Soviética, por lo que su bagaje cultural es muy similar.

Zelenski se gana a los rusoparlantes

A su llegada al poder hace seis años, Zelenski logró acallar en gran medida los cañones en el Donbás, región enzarzada en un cruento conflicto desde 2014. De hecho, en 2021, un año antes del comienzo de la campaña militar rusa, apenas murieron una veintena de personas, según fuentes separatistas, lo que negaba el supuesto genocidio esgrimido por Putin como argumento para la invasión.

Y es que en las elecciones presidenciales de 2019, Zelenski recibió más de dos tercios de los votos en la mitad oriental del país, no en vano el ruso es su lengua madre e hizo gran parte de su carrera en el cine y la televisión rusas.

En menos de tres años de mandato consiguió que las regiones rusoparlantes, desde Járkov a Odesa, renunciaran a los cantos de sirena de Moscú, que convirtió a las prósperas Donetsk y Lugansk en dos regiones deprimidas.

De esta forma, frustró los planes del Kremlin, que esperaba que todo el sureste de Ucrania recibiera con los brazos abiertos a las tropas rusas cuando cruzaron la frontera en febrero de 2022.

Muy al contrario, gracias a su vecindad con la anexionada península de Crimea, los rusos lograron conquistar con relativa facilidad parte del sur, pero se encontraron con una enconada resistencia en todo el Donbás bajo control de Kiev, especialmente en el puerto de Mariúpol.

De hecho, más de seis mil kilómetros cuadrados de Donetsk siguen bajo control ucraniano después de tres años y medio de combates, y lo mismo ocurre con la segunda ciudad del país, Járkov.

Un gobernante ilegítimo

Moscú nunca se tomó en serio a Zelenski. De hecho, los planes de los servicios secretos rusos es que una vez los convoyes militares se dirigieran a Kiev, el presidente ucraniano aceptaría la oferta de Washington y se refugiaría en Occidente.

Contra todo pronóstico -en Occidente tampoco le daban muchas opciones-, Zelenski salió a la calle a grabar para demostrar que el jefe de Estado estaba en su puesto y que la resistencia al invasor había comenzado.

Putin esperaba una capitulación y se topó con un mandatario vestido con ropa de estilo militar, que se dirigía a la nación cada noche, se desplazaba al frente y lanzaba encendidas arengas para levantar la moral de la tropa.

La animadversión hacia Zelenski fue creciendo según se estancaba la conocida como operación militar especial desde mediados de 2022, cuando Occidente empezó a ayudar militarmente a Kiev con armamento pesado.

Entonces, el Kremlin esperó a que concluyera su mandato para intentar desacreditarle. Adujo que en mayo de 2024 debía haber abandonado el puesto, ya que, según la Constitución, no puede prolongar su mandato incluso en Estado de guerra.

Putin, que reformó la Constitución rusa durante la pandemia del coronavirus para perpetuarse en el poder, se agarraba a un tecnicismo constitucional para derrotar al enemigo cuya resistencia no pudo doblegar en el campo de batalla.

Una cumbre bilateral, una humillación para Putin

La animadversión es mutua. Pero, con todo, Zelenski, aunque en su momento firmó un decreto que le prohíbe negociar con el actual jefe del Kremlin, se mostró en los últimos meses dispuesto a sentarse con Putin sin condiciones previas.

No obstante, éste siempre se ha negado, aduciendo que la firma del actual líder ucraniano carece de todo valor jurídico, lo que pondría en peligro el cumplimiento de los futuros acuerdos de paz, que deberían ser firmados por el presidente de la Rada Suprema o Parlamento.

Últimamente, el Kremlin ha matizado esa postura y asegura que Putin se reunirá con Zelenski, pero solo para estampar su firma en un documento que ponga fin a la guerra y no para negociar las condiciones para un arreglo pacífico. Eso sí, siempre que Zelenski sea sustituido en unas prontas elecciones.

Los analistas coinciden en que para Putin reunirse con Zelenski, siempre que no sea para sellar su capitulación, es comparable a una humillación. Moscú ve a Ucrania como parte de un problema mucho más grande, que deben solucionar por separado Rusia y Estados Unidos

Con información de EFE