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Pulso entre EE.UU. y China inquieta a empresas y lastra la popularidad de Trump
Foto de EFE/Francis Chung/Pool

El Gobierno de Donald Trump espera cerrar el próximo mes acuerdos comerciales con la mayoría de países a los que impuso gravámenes, mientras la guerra comercial desatada por su agresiva política arancelaria se centra en un pulso con China que inquieta a las empresas y empieza a lastrar la popularidad del mandatario republicano.

Washington aplica un arancel del 10 por ciento a las importaciones de casi todos sus socios hasta principios de julio, cuando expira la pausa en los aranceles más altos, que Trump denomina “recíprocos”, y con los que pretende obtener acuerdos favorables mientras sigue presionando a Pekín, al que impone un gravamen del 145 %.

A su vez, EE.UU. impone otros aranceles como los del acero y el aluminio, del 25 por ciento, y la Casa Blanca justificó este viernes su funcionamiento en la buena marcha de una empresa de productos derivados de esas materias primas, Ellwood Group, que tuvo un aumento de ventas intertrimestral del 30 %.

No obstante, la América corporativa parece más bien preocupada, a juzgar por una encuesta de más de 300 consejeros delegados (CEO) publicada esta semana por la revista Chief Executive, que refleja su desacuerdo con los aranceles, así como por las previsiones prudentes de las grandes empresas cotizadas.

La aerolínea Delta, la primera en divulgar datos de este sector sensible a la coyuntura económica, multiplicó por seis sus beneficios, pero retiró sus pronósticos anuales aludiendo a la incertidumbre arancelaria, y su CEO, Ed Bastian, lanzó un dardo a “las escaramuzas” de EE.UU. en materia comercial.

Este mismo sábado, una encuesta de CNBC sugería que la política arancelaria de Trump está mellando su popularidad, con sus peores cifras de aprobación en materia económica de su carrera presidencial (un 55 por ciento lo suspenden) y un claro descontento en su gestión de la inflación (60 % lo suspenden).

Un tenso pulso con China

Con la guerra comercial ahora centrada en Estados Unidos y China, el presidente chino, Xi Jinping, hizo una gira esta semana por varios países del Sudeste Asiático para estrechar relaciones y precisamente firmó un centenar de acuerdos de cooperación con Vietnam, Malasia y Camboya.

Esos países, que se enfrentan a algunos de los mayores aranceles “recíprocos” de EE.UU. y son clave en la cadena de suministro del país, son miembros de la Asociación de Estados del Sudeste Asiático (ASEAN), bloque que se ha comprometido a no tomar represalias, como sí ha hecho Pekín.

Poco ha trascendido sobre las negociaciones de EE.UU., pero Vietnam (que afronta un arancel del 46 %) dijo el viernes estar “listo para negociar”, tras una reunión entre su Gobierno y el Consejo Empresarial EE.UU.-ASEAN en la que concluyeron que sus economías “se complementan”, no “compiten”.

Trump aseguró esta semana estar hablando con representantes chinos para llegar a un acuerdo con Pekín en las próximas semanas, pero al otro lado de ese pulso, su homólogo chino mantiene los aranceles del 125 % a EE.UU. y ha tomado otras medidas, como vetar las entregas de aviones Boeing.

El jueves pasado, Washington movió otro peón en este ajedrez comercial al poner aranceles a los buques construidos y operados por China que lleguen a puertos de EE.UU., para presionar a Pekín con una estrategia cada vez más agresiva.

Por su parte, el secretario de Comercio de EE.UU., Howard Lutnick, que defendió la tregua arancelaria, parece que solo logró convencer a Trump de una pausa, al sumar fuerzas con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y acudir al Despacho Oval de la Casa Blanca durante una ausencia del asesor de línea dura Peter Navarro, según reveló The Wall Street Journal.

Con información de EFE