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Nueva York vive su Pascua más triste por pandemia de COVID-19
Foto de EFE

Con cerca de 800 muertos al día y una crisis económica sin precedentes, Nueva York pasa por una de sus horas más bajas en unas fechas de gran importancia espiritual para judíos y cristianos, algunos de los cuales recurren por primera vez a comedores sociales o a prácticas religiosas a distancia en una ciudad en cuarentena y donde las imágenes tenebrosas ocasionadas por la pandemia de coronavirus COVID-19 se mezclan con la vida cotidiana.

Por un momento pareciera que la única actividad en Manhattan en esta Pascua esté solo en las filas y las ambulancias. Unos esperan para hacer sus compras en el supermercado, otros alrededor de los comedores sociales como el de Bowery Mission que prepara un menú especial para recordar el día más triste de la cristiandad en una de las peores horas para Nueva York, el nuevo epicentro mundial de la pandemia de coronavirus.

Con más de 5 mil 800 muertos por la epidemia de COVID-19 en la ciudad y 16 millones de estadounidenses que han solicitado subsidio de desempleo en las últimas tres semanas, la Semana Santa es más dura que nunca.

“Tristemente, este es un momento que recuerda al sufrimiento de aquellos tiempos antiguos”, reflexionó el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, el viernes de crucifixión, para gran parte del planeta epítome del sufrimiento humano.

Los judíos de Brooklyn

Si Nueva York se ha convertido en el epicentro mundial de la epidemia causada por el virus SARS-Cov-2, Brooklyn es el núcleo de ese dudoso honor y la comunidad judía una de las más afectadas por la infección.

Pese a que hubo al comienzo algunas resistencias, ahora todas las sinagogas y escuelas talmúdicas de barrios como Borough Park han cerrado y cuelgan en sus puertas edictos y recomendaciones de como practicar en aislamiento la pascua judía, que comenzó el miércoles.

El reverenciado rabino Novominsker Rebbe recurría a las redes sociales a comienzos de semana para pedir que no se produjeran concentraciones y que las celebraciones del Pésaj se mantuvieran en la intimidad, incluida la tradicional quema de pan en las calles. El rabino murió este viernes por COVID-19 y como se ha ordenado por ley no habrá funeral público, que en otra situación habría congregado a cientos de personas en Brooklyn.

Nueva York es una ciudad que ha perdido su vitalidad y donde las ambulancias mantiene un trasiego, sino mayor, al menos más discernible por el silencio que las rodea. Solo los repartidores siguen acelerando por la Segunda avenida, aunque ahora sin que haya nadie para gritarles algún improperio.

Con vistas a las fosas comunes

En la tranquila City Island, un remanso de paz el noroeste de Nueva York, los privilegiados que viven cerca de la marina, ya no son tan afortunados, pues a unos 200 metros frente a su costa pueden ver el trasiego de camiones y excavadoras de la vecina isla de Hart, donde se va ha comenzado a enterrar en fosas comunes a algunos de los muertos de la epidemia.

La decrepitud de los edificios en ruina de la isla, que hace las veces de cementerio público para aquellos muertos no reclamados y que es el lugar de descanso de un millón de almas, no ayuda mucho a pasar la cuarentena en este metro cuadrado tan valioso.

Mientras tanto, en otro punto de la ciudad privilegiado, en Park Avenue a la altura del hospital Lenox Hill, una cuidadora pasea con dos niños enmascarados, ignorantes los pequeños, de que pasan por delante de dos camiones refrigerados que hacen las veces de morgue para los muertos por el coronavirus.

En la mediana de la famosa avenida, donde ya se han plantados los tulipanes de la primavera, espera otro camión con un contenedor blanco idéntico, entre tanto Manhattan contiene la respiración.

Con información de EFE