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“Muchos lloramos porque dejamos Nicaragua quizás por bastante tiempo”, expresa opositor desterrado
Fotografía de archivo del 9 de febrero de 2023 donde aparece el ex precandidato presidencial nicaragüense Félix Maradiaga, uno de los presos políticos nicaragüenses expulsados de su país, mientras habla con los periodistas a su llegada al hotel Weston, donde se hospedarán en Herndon, Virginia (EE.UU.). EFE/Octavio Guzmán

Cuando el dirigente opositor desnacionalizado Juan Sebastián Chamorro vio hace un año por la ventana del avión que dejaba Nicaragua, la euforia por haber sido excarcelado junto a otros 221 presos políticos de la temida cárcel El Chipote, en Managua, se convirtió en incertidumbre y tristeza.

Muchos lloramos porque estábamos dejando Nicaragua quizás por bastante tiempo”, confiesa Chamorro, uno de los siete aspirantes a candidatos presidenciales de la oposición que fueron arrestados antes de las elecciones del 7 de noviembre de 2021, en las que fue reelegido el mandatario Daniel Ortega, en el poder desde 2007.

Chamorro, sobrino político de la expresidenta nicaragüense Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997), exiliada en Costa Rica, compartió con EFE un video testimonial en el que ofrece detalles de lo que ocurrió el 9 de febrero de 2023, cuando 222 presos políticos fueron liberados y expulsados hacia Estados Unidos por orden de Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

Todo comenzó cerca de la medianoche del 8 de febrero. Chamorro estaba dormido en la misma celda con el empresario Álvaro Vargas y el abogado Roger Reyes, en El Chipote, cuando un guardia, cargando su ropa de civil, los despertó y les ordenó cambiarse, sin mayores explicaciones.

Nunca les habían llevado la ropa hasta la celda y menos a altas horas de la noche. Se despojaron del traje azul de prisionero y pensaron: esto es mala señal.

Por la cabeza se les pasó que los trasladarían a una nueva audiencia o bien a la cárcel La Modelo, una prisión de máxima seguridad ubicada en las afueras de Managua.

Cuando salieron al pasillo, vieron al resto de presos políticos, incluyendo a los sacerdotes, lo que les llamó la atención, creció la incertidumbre, aunque intentaron mantener la calma.

Posteriormente, les colocaron unas bridas plásticas en sus manos y los sacaron a un estacionamiento en grupos, y un oficial les indicaba en cuál de los tres autobuses se tenían que montar.

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Fotografía de archivo del 3 de febrero de 2023 donde aparecen unas personas sosteniendo hojas con los nombres de los presos políticos nicaragüenses, expulsados de su país, mientras esperan su llegada en el aeropuerto de Dulles, Virginia (EE. UU). EFE/Octavio Guzmán

“¿Hacia dónde nos llevan?”

Entre sonrisas y temor, se preguntaron a sí mismos: ¿Hacia dónde nos llevan? Los más optimistas pensaron que a sus casas, los más pesimistas a La Modelo, y otros a una audiencia al Complejo Judicial de Managua.

El actual jefe de la Dirección de Auxilio Judicial de la Policía de Nicaragua, Victoriano Ruiz, les orientó cómo abordar los autobuses y la incertidumbre siguió porque les dijo que ni él sabía a donde se dirigían.

Antes de subir al transporte les pasaron detectores de metales. “Eso me suena a aeropuerto”, pensó Chamorro.

Arrancaron los tres autobuses. No podían ver con claridad por la oscuridad de la madrugada y porque la guardia colocó tela sobre las ventanas de los pasajeros. Solo podían ver por el vidrio delantero del conductor.

“La dictadura no quería hacer gran bulla de nuestro traslado. Lo hizo en la madrugada para que la gente no filmara ese momento. Eso refleja bastante temor de parte de ellos”, reflexiona.

Cuando los autobuses llegan a una intercepción, los presos políticos pensaron que si giraba a la izquierda es que los irían a “botar” a Costa Rica, y si lo hacía a la derecha las opciones eran La Modelo, Complejo Judicial de Managua o el aeropuerto internacional.

“¡Vamos para afuera!, ¡vamos para afuera!”

Pasaron el Complejo Judicial y no se detuvo. La Modelo tomó fuerza como destino y la angustia se apoderó de los presos porque creían que iban a estar encarcelados mucho tiempo y eso sería un golpe para sus familias.

El recorrido sobre la carretera norte de Managua se sintió eterno y de pronto, zas, los autobuses giraron a la derecha y entraron por el portón de la Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua, cuya pista es parte del aeropuerto internacional.

“¡Vamos para afuera!, ¡vamos para afuera!”, le dijo Chamorro García a Roger Reyes, y entonces respiró hondo y sintió paz y tranquilidad al saber que no serían trasladados a La Modelo.

En la pista se sintieron relajados. Los oficiales les leyeron unos documentos que firmarían después, en el que daban su aval para viajar “voluntariamente” a Estados Unidos. Entonces supieron que irían al país norteamericano. Allí reconocieron a funcionarios de la embajada estadounidense en Managua.

Los oficiales les quitaron las bridas de sus muñecas, otros funcionarios les entregaron un pasaporte nicaragüense con 10 años de vigencia, y otros les tomaron la presión antes de subir al avión.

Dentro del avión era un jolgorio. Todos se abrazaban contentos. Eran libres otra vez. Nadie se sentaba. La alegría era tal que no obedecían a la azafata que les pedía tomar sus asientos.

O se sientan o regresan a El Chipote

Fue el recién fallecido empresario Michael Healy el que los puso en su lugar. Healy tomó el micrófono y con su voz de trueno les advirtió: “Siéntense o quieren quedarse” en El Chipote. Todos tomaron sus lugares y el avión despegó.

En pleno vuelo, los presos políticos cantaron emocionados el himno nacional y gritaron consignas a todo pulmón sobre una Nicaragua libre.

Veían cómo dejaban su país, a lo lejos, y “muchos de nosotros lloramos porque estábamos viendo en la ventana que estábamos dejando Managua, Nicaragua, quizás por bastante tiempo”, relata el dirigente opositor.

“Ojalá que no. Estoy seguro de que no, pero al mismo tiempo (lloramos) porque estábamos yendo en libertad”.

Con información EFE