
La incógnita del discurso del Estado de la Unión es si Trump aún conserva la capacidad de persuadir a un país que comienza a distanciarse de su liderazgo
Trump ante el Congreso: debilitado en popularidad, limitado por la Corte Suprema y decidido a redoblar la confrontación
Esta noche, el presidente Donald Trump se dirigirá al Congreso en uno de los momentos más complejos y decisivos de su segundo mandato.
Llega debilitado en popularidad, enfrentando límites institucionales tras un revés histórico de la Corte Suprema, y bajo una creciente percepción pública de desconexión con las prioridades reales del país.
Más que un discurso ceremonial, será una prueba crítica de liderazgo político: un intento de recuperar la iniciativa en medio de un deterioro simultáneo de su capital político, su legitimidad institucional y su credibilidad ante amplios sectores del electorado.
Popularidad en descenso y erosión de su coalición electoral
Los datos de opinión pública configuran un panorama preocupante para la Casa Blanca.
Según la última encuesta exclusiva de CNN, solo el 36% aprueba la gestión de Trump, frente a un 48% que la desaprueba, el nivel más bajo registrado para un presidente estadounidense al momento de dirigirse al país durante un segundo mandato.
Esta cifra no solo refleja debilidad coyuntural, sino un deterioro más profundo y estructural de su base de apoyo, si bien entre los republicanos y MAGA mantiene aún un alto nivel de apoyo.
Particularmente alta es la erosión transversal entre grupos clave. La aprobación entre los independientes se ha desplomado al 26%, una señal inequívoca de que Trump está perdiendo el electorado que suele decidir las elecciones.
Entre los votantes latinos, el respaldo ha caído 19 puntos en apenas un año, mientras que también se registran retrocesos significativos entre mayores de 45 años, hombres y votantes blancos, pilares fundamentales de su coalición electoral.
Este deterioro refleja una creciente brecha entre la narrativa presidencial —centrada en el éxito de su agenda económica, migratoria y geopolítica— y la percepción de los ciudadanos.
De hecho, el 57% de los encuestados considera que Trump debería priorizar el costo de vida y la economía, precisamente el eje que impulsó su retorno al poder, pero que hoy emerge como su principal vulnerabilidad política.
Más revelador aún, el 68% cree que el presidente no está enfocado en resolver los problemas reales del país, una percepción que apunta no solo a desacuerdos políticos, sino a una crisis de confianza más profunda.
La sombra de la edad y la percepción de erraticidad
A esta fragilidad política se suma un factor personal cada vez más visible: la preocupación por su edad y su comportamiento.
Según una encuesta nacional de Reuters/Ipsos, el 61% de los estadounidenses considera que Trump se ha vuelto más errático con la edad, una percepción compartida no solo por el 89% de los demócratas y el 64% de los independientes, sino también por un significativo 30% de los republicanos.
Aunque su aprobación general se sitúa en torno al 40% ligeramente por encima de mediciones como la ya citada de CNN, sigue por debajo del nivel con el que inició su segundo mandato en 2025.
Más preocupante es que solo el 45% considera que está mentalmente apto para ejercer el cargo, una caída significativa respecto a años anteriores.
Trump, que cumplirá 80 años en junio, enfrenta así un escrutinio creciente no solo sobre sus decisiones, sino sobre su capacidad para ejercer el liderazgo en un contexto internacional y doméstico cada vez más volátil.
Un revés institucional que redefine los límites de su poder
El discurso de esta noche también estará marcado por un acontecimiento de enorme trascendencia institucional: la decisión de la Corte Suprema de declarar ilegales los aranceles impuestos por la Casa Blanca.
Este fallo representa mucho más que una derrota técnica. Constituye un límite explícito al uso expansivo del poder presidencial en materia comercial y reafirma el papel del Poder Judicial como contrapeso efectivo frente a un Ejecutivo cada vez más proclive a actuar unilateralmente.
Para un presidente que ha hecho de la política arancelaria uno de los pilares de su estrategia económica y geopolítica, la decisión judicial no solo debilita su agenda, sino que también cuestiona uno de los instrumentos centrales de su narrativa de liderazgo fuerte y soberano.
El fallo llega, además, en un momento políticamente delicado, en el que Trump enfrenta crecientes tensiones internacionales, incluyendo un nuevo despliegue militar en el Golfo Pérsico en medio de una escalada con Irán.
Paradójicamente, Trump mantiene una posición de poder político significativa. El Partido Republicano conserva el control del Congreso, y su base electoral permanece profundamente leal. Sin embargo, el fallo de la Corte Suprema evidencia que incluso un presidente con amplias mayorías legislativas enfrenta límites institucionales claros dentro del sistema constitucional estadounidense.
Un discurso que será más confrontacional que conciliador
En este contexto, las expectativas para el discurso de esta noche son claras: todo indica que no será conciliador ni introspectivo y que probablemente Trump optará por redoblar su estrategia habitual, reivindicando sus logros, denunciando a sus adversarios políticos e institucionales, y presentándose como víctima de un establishment que busca frenar su agenda.
Hay que prepararse, por tanto, para un discurso largo, polarizador y profundamente controversial.
Más que tender puentes, es probable que Trump busque consolidar a su base electoral y redefinir el terreno político en términos de confrontación. Esta estrategia ha sido, históricamente, una de las claves de su supervivencia política.
Sin embargo, el riesgo de este enfoque es evidente. Con las elecciones de medio término a menos de ocho meses —convertidas de facto en un referéndum sobre su presidencia—, el desafío central para Trump no es movilizar a sus partidarios más fieles, sino reconquistar a los votantes moderados e independientes que hoy muestran crecientes dudas.
Una presidencia en un punto de inflexión
El discurso de esta noche será, en última instancia, un momento de definición. Trump llega con poder institucional, pero con legitimidad erosionada; con control político, pero con límites judiciales reafirmados; con una base leal, pero con un electorado más amplio cada vez más escéptico.
La historia reciente ha demostrado que Trump es un actor político extraordinariamente resiliente, capaz de convertir crisis en oportunidades. Pero también ha demostrado que su estilo confrontacional tiene límites claros en una democracia basada en contrapesos institucionales y en la legitimidad del apoyo ciudadano.
En síntesis: La incógnita central no es si Trump utilizará este discurso para reafirmar su narrativa. Lo hará. La verdadera pregunta es si aún conserva la capacidad de persuadir a un país que, según las encuestas, comienza a distanciarse de su liderazgo.