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Mexicana opta con historia personal sobre familias oficiales y secretas a Oso en Berlinale
Escena del corto mexicano Casa chica. Foto de Ángel Jara Taboada

La mexicana Lau Charles opta a un Oso en la Berlinale por su cortometrajeCasa chica“, una historia personal que habla a través de la sabiduría de la mirada infantil de familias principales y familias secretas, y cuyo rodaje supuso, además, un proceso terapéutico, según explica la cineasta en entrevista con EFE.

“Es una historia autorreferencial. Yo tengo una media hermana que tiene mi edad y esto es algo que me pasó en mi vida. ‘Casa chica’, además de la referencia al tamaño del espacio, es algo que decimos en México cuando un padre de familia tiene dos familias y hay una familia oculta. Él tiene como su casa principal y luego la ‘casa chica’ es esta familia secreta”, cuenta.

Es algo que pasa tan comúnmente en México, que incluso tiene un propio término, señala, aunque afirma que conforme más comparte la película en otros lugares del mundo, se da cuenta de que todos tienen una historia con alguien cercano que “tiene, tuvo o es una ‘casa chica’, que es esta familia secreta”.

Tras la separación de sus padres, Quique, de once años, y Valentina, de cinco, se mudan con su madre a un piso más pequeño. El primer domingo que pasan con su padre, conocen a su “nueva familia” y se enteran de que su hermanastra tiene la misma edad que Valentina.

 La sabiduría de la mirada infantil

Abordar temáticas que le resultan complejas o difíciles de comprender a través de la mirada de la infancia, en la que siente que hay “tanta sabiduría que sucede desde un lugar más crudo y salvaje”, le parece la manera en la que más se acerca a entender o “deshebrar la dudas” que pueda tener sobre algún tema, explica.

Charles destaca el papel de Raúl Briones como padre, porque ella sabía que iba a querer “construir un villano” por estar enojada, y lo que quería era “entender al personaje” y genuinamente acercase.

“Fue muy bonito el trabajo con Raúl Briones, porque como que lo que yo le dije fue: ‘Necesito alguien que defienda a mi padre de mí misma'”, señala, y explica que al final decidieron en conjunto que fuera un padre “muy torpe”, que “genuinamente lo está intentando”, pero “se le sale de las manos”.

“Es una situación complicada y no es que él quiera lastimar a ninguna de las familias, pero termina por hacerlo por esta torpeza”, agrega.

La cineasta señala que en su caso siempre supo de la existencia de estas dos familias, porque su madre siempre fue muy transparente.

 El padre ausente y el hermano presente

Durante la pandemia decidió hacer un documental a partir de las conversaciones con su madre y con su hermano, que todavía no está terminado, con el fin de hacer un retrato de su padre ausente.

“Platicando con mi hermano, fue la perspectiva que más me sorprendió, porque al final somos dos hermanos que vivimos el mismo trauma de alguna manera o la misma cosa en la infancia, pero nuestros recuerdos eran abismalmente distintos. Entonces a mí eso me pareció sumamente interesante, entender la perspectiva de alguien que tenía 11 años y era hombre contra alguien que tenía 6 años y era mujer. Y entonces todos los roles cambian, la percepción cambia”, afirma.

En el filme, Quique es quien toma las decisiones dramáticas y defiende todo el tiempo a su hermana, indica.

En ese sentido, “hay un peso muy importante en el personaje en el sentido de que muy pronto le adjudican responsabilidades, que quizás para un niño de 11 años no debería de tener” y el mundo adulto le empieza a exigir “que accione y reaccione”.

“Creo que eso también es muy importante para el personaje y por eso es un regalo para mi hermano, pensando en todo lo que el confrontó y afrontó para que yo tuviera un espacio un poco más amoroso y calmado”, dice, agradecida.

En estas situaciones, por el hecho de que haya “una paternidad dividida” y “un padre ausente en ambas casas”, al final “todos pierden, o sea, los niños pierden, las madres pierden, el padre pierde también, o sea, no hay ganadores”, afirma.

La cineasta reconoce que aunque al principio se peleaba mucho con la idea de que el arte fuera terapéutico, rodar el filme “terminó siendo un proceso muy terapéutico” y lo más hermoso, agrega, es que dejó de ser solo su historia.

Con información de EFE