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La realidad es algo en vías de extinción 

Florestán

Madrid.- Ayer fue uno de esos días para uno, para mí en este caso, inolvidable. ¡Qué digo inolvidable!, fue un día para siempre, para los que uno en este oficio no trabaja, uno se lo lleva día a día, nota a nota, noticiero a noticiero, programa a programa, golpe a golpe, jornadas buenas y peores, reconocimientos, para los que uno no se dedica, reclamos para los que uno resiste.

Ayer aquí en Madrid, en la Casa de Américas en plena Castellana, frente a la Cibeles y al Banco de España, a un costado de lo que fue la sede de Correos, telegramas a la que los reporteros hace muchos años llevábamos nuestras cuartillas para el operador del télex, hoy sede del Ayuntamiento, los poncharan letra a letra a su destino, se llevó a cabo uno de los momentos más emotivos de mi vida profesional, personal y familiar: el reconocimiento de los premios de periodismo Rey de España que une a dos continentes, a dos historias que en realidad son una, sobre todo ahora que hay quienes insisten vanamente en querer dividirla por un secular y a destiempo ajuste de cuentas, como si eso fuera posible con los ojos de quinientos años después.

Ayer, pues, hasta esa Casa de América llegó el rey Felipe VI de España para hacer entrega de una serie de reconocimientos al periodismo del hemisferio americano, con denuncias que van de la corrupción argentina, la trata de personas en Brasil, el desbrozamiento del Amazonas, las caravanas de migrantes del triángulo del norte centroamericano, el sacrificio de la fauna en Bolivia y algo para mí central: la recuperación de la memoria histórica de aquella terrible guerra civil española, previa al franquismo que la dictadura y la democracia se negaron a recuperar, a dar un espacio a conseguir una fosa con un nombre, un lápida a la que rezar o llevar unas flores.

Fue, la de ayer en esa entrañable Casa de América, un día excepcional cuando la región se divide, se rompe, se crispa, sin que una voz sensata la pueda sumar, pegar, cohesionar, aliviar, voz que ayer fue la del rey de España que llamó a ese encuentro y reencuentro, a esa memoria histórica del ayer y del hoy, voces que ya no se escuchan en el continente donde solo rebotan las de los nacionalismos a ultranza, populismos falsos, demagogias siempre mentirosas y ante las que solo quedan voces serenas como la que se escuchó de un rey que más que monarca es estadista y factor de unión: Felipe VI.

Y que aquí le reconozcan a uno más de medio siglo de trabajo, sin una línea en casa, es un privilegio, pero no es un reproche; el mayor premio es el poder seguir trabajando todos los días, lo que es el mejor premio.

Nos vemos mañana, pero en privado.