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Policías bajo fuego
Foto de Ana Paula Cámara

Habían transcurrido poco más de veinte horas de trabajo continuo, se habían abierto las cloacas del infierno y el caos se apoderó de la ciudad de las bajas pasiones, los delitos en todas sus presentaciones se habían elevado.

La noche se iluminaba en azul y rojo, los estrobos de las unidades no ayudaban con la sensación de incertidumbre; ese parpadear te recuerda que algo esta sucediendo y no deja de suceder, aunado al sonido de las patrullas. La intranquilidad era la sensación predominante.

En la radiofrecuencia, horas antes había sonado un narcorrido que anuncia que harán ataques a los cuerpos de seguridad. Elevamos la precaución, me ajuste el chaleco y las agujetas de las botas, revise que el Matra tuviera suficiente batería y mi compañero verificó que la camioneta estuviera abastecida con gasolina y equipo listo para varios eventos.

Reportaban un ataque a una estación de policía, había agentes heridos, a los escasos tres minutos se reporto otra estación que fue atacada.

Los servicios de emergencia empezaban a ser requeridos por la ciudadanía que se sentía desprotegida; nosotros listos a la expectativa, no podíamos acercarnos si no estaba controlada la situación, la radiofrecuencia estaba siendo usada para narrar todo lo que sucedía, se daban características de los carros usados, la vestimenta de los atacantes, coordenadas, los mismos policías pedían apoyo.

Otro ataque, ya eran tres estaciones de policía atacadas, siete agentes heridos, varios de gravedad, todas las corporaciones en alerta, nosotros en el laboratorio a la expectativa; nos debíamos resguardar y tener todo listo para acudir en caso de ser requeridos.

Sentía la adrenalina recorrer de mis piernas a la espalda, me sudaban las manos, llamé a casa, debían saber que estaba bien y que ellos debían protegerse, no salir.

Contacté a mis personas cercanas y les pedí que se mantuvieran a salvo.

Hubo dos ataques más de manera simultánea, una estación de policía y un edificio gubernamental fueron acribillados desde el exterior; no hubo heridos, solo desataron el terror.

La prensa llenaba de amarillismo las redes sociales, lo que estaba generando que las líneas de emergencia se saturaran de falsas pistas.

Todo se debía a un decomiso fuerte de una droga, las autoridades se negaron a regresar el narcótico al grupo criminal que se ostentaba como dueño, quien ante la negativa desató todo.

Debía mantener la calma. Pensar claro y estar alerta, la realidad es que el terror se había apoderado de mí, del resto de mis compañeros peritos, somos el último eslabón en la cadena, y también tenemos miedo.