Minuto a Minuto

Nacional Genevieve se intensifica a huracán categoría 1 frente al Pacífico mexicano
Sus desprendimientos reforzarán la probabilidad de lluvias en el occidente mexicano, con posibles afectaciones en estados como Jalisco
Deportes Cruz Azul es el nuevo “Campeón de Campeones”
La Máquina conservó el 3-1 hasta el silbatazo final para levantar el trofeo, sin necesidad de disputar una tanda de penaltis
Deportes Liga MX: Chivas vence de último minuto a Juárez, Atlas gana de nuevo y San Luis le pinta cara a Tigres
Los juegos para este sábado se resumen en dos encuentros que se definieron apenas por la mínima, y un empate donde San Luis fue sorpresa
Internacional Fiesta del Orgullo en Berlín termina en tragedia, ¿qué pasó?
El siniestro fue a las 2 de la tarde tiempo del centro de México, en el Tiergarten: céntrico parque donde celebraban miles de personas
Nacional FGR asegura casi 2 mil 500 perfumes presuntamente falsos en la CDMX
El cateo derivó de la denuncia sobre un local, en la Primera Sección Gertrudis Sánchez, que comercializaba productos con marcas falsificadas

Publiqué una memoria personal, reconozco que poco heroica, sobre mi año 1968 (Revolú 68. Nexos, octubre 2018). Recuerdo ahí mis emociones sombrías después del 2 de octubre y el modo ultra en que andaba mi cabeza, tentada por la violencia revolucionaria, ciega a los matices de la realidad, pensando y sintiendo todo binariamente: a favor o en contra, revolución o nada.

“El estado de excitación ultra”, sigue el texto, “tiene una consecuencia intelectual devastadora: mata todo pensamiento original. Nada tiene sentido en el estado anímico ultra, fuera de las opciones extremas. El mundo se divide rápidamente en dos, el que lo mira con ojos ultra pierde los matices, la inteligencia, la sensibilidad. Cuando digo ultra me refiero fundamentalmente a lo que seguía andando en mi cabeza entonces: la idea de que la violencia puede cambiar todo de tajo, detonar la revolución y, con la revolución, un nuevo inicio de la historia”.

Luego de un año atormentado y circular, porque mi agravio ultra no se movía de su lugar, entré por un feliz azar a El Colegio de México.

“La de El Colegio de México”, abunda el texto, “fue mi primera entrada a un lugar en donde se pensaban las cosas. Había algo ahí más que la pura negación de lo establecido. Fue un remanso para mi melancolía ultra: un orden para mi desorden. Un nuevo principio en mi manera de ver la vida, y mi vida. Por primera vez, aprendí intelectualmente de mis maestros. Di con libros, ideas, autores que me marcaron para siempre. Inicié propiamente una vida intelectual.

“Un día leí el pasaje del Ché Guevara, donde se burla de los tipos que sueñan con hacer la revolución pero se asustan con su propia sombra. Pensé: Yo soy de esos. Por segunda vez me di de baja como revolucionario. Ahora, en mi interior, definitivamente.

“Seguí admirando a quienes hacían una revolución, pero nunca más me pensé uno de ellos. Pasé luego a no admirar ni a las revoluciones ni a quienes las hacen” (https://bit.ly/2Fapc4T).

Guardada toda proporción de tiempos y creencias, en la polarización que vive hoy la sociedad mexicana por su futuro gobierno, hay algo, a lado y lado del río, de ceguera ultra: la renuncia a matizar, a dudar, a pensar.