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Sucedió lo que tenía que suceder: ayer se rompió el hechizo entre dos políticos de mecate corto como Donald Trump y el presidente electo mexicano. El estadunidense le pidió por carta que la renegociación del TLC tiene que ser a su manera y, eso sí, “rápido”.

Hasta ahora, la relación entre el inquilino de la Casa Blanca y el ganador de las elecciones del 1 de julio iba sobre ruedas. El mexicano llegó al filo del desatino político al escribirle que ambos se parecen. Algo de lo que sería sacrilegio en boca de mandatarios como Merker o Macron, por ejemplo.

Pero Juan Trump (cómo se refiere en privado, de manera empática, Donald Trump al presidente electo) le escribió:

“Me anima el hecho de que ambos sabemos cumplir lo que decimos y hemos enfrentado la adversidad con éxito, al convertir a los ciudadanos en la prioridad y desplazar al establishment o régimen predominante”.

Además, el mexicano había invitado al estadounidense a desechar su idea de establecer con México un tratado bilateral y otro con Canadá, en lugar de continuar con la renegociación del actual tratado entre los tres países por ser más ventajoso para todos.

Sin embargo, Donald Trump le respondió tajante ayer que, sí, concluir la renovación del pacto comercial generará más empleos y mejor pagados para los trabajadores de México y Estados Unidos. Sin embargo, le advirtió, que esto debe ser “rápido”:

“Sólo si podemos ir rápido, porque de otra forma deberé tomar una ruta muy diferente. No sería mi preferencia, pero sería más rentable para los Estados Unidos y sus contribuyentes”.

Es decir, Trump quiere un convenio ya mismo y a su manera: un acuerdo comercial con México y luego cerrar otro con Canadá. En cambio, el presidente electo cree que la posición de Trump  prolongaría la incertidumbre económica y frenaría las inversiones a mediano y largo plazo.

El presidente electo sabe que, sin el TLC, pierde tres patas la mesa del programa de prebendas al estilo chavista que prometió en campaña: Chávez las pudo cumplir con el petróleo a 110 dólares el barril: y, él, con los 34 millones de dólares por minuto que deja el TLC a México.

Es una gallina de huevos de diamantes: México, Estados Unidos y Canadá comercian mil 800 millones de dólares cada día y sus 406 millones de habitantes producen más de 11 billones de dólares en bienes y servicios: una salvajada.

Pero, de todos modos, el presidente electo tiene Plan B. Lo anunció en campaña: “Con Trump firmamos un acuerdo para venderle todo el jugo de naranja de Tamaulipas y rescatamos el campo, damos empleos y se acaba la violencia”.

Por suerte, Él resuelve todo.