Minuto a Minuto

Nacional Marina entrega a EE.UU. torpedo hallado en aguas de Baja California
La Marina devolvió a autoridades de EE.UU. un torpedo utilizado en un entrenamiento, que fue arrastrado desde California hasta Baja California
Nacional Detienen a Jorge Eduardo en Veracruz por el feminicidio de su novia, María Cristina Muñoz
Jorge Eduardo N. fue detenido por el feminicidio de la joven María Cristina Muñoz, quien era su novia
Nacional “Condenamos, lamentamos y nos ocupamos”: Sheinbaum sobre feminicidios
Destacó la operación de los Centros LIBRE, que cuentan con abogadas para atender a mujeres que sufran agresiones familiares o de otro tipo
Nacional IMSS investiga muerte de cinco recién nacidos en Durango
Autoridades de la delegación estatal y del nivel central supervisarán las investigaciones y el desarrollo del caso
Nacional CNPC emite recomendaciones ante la tormenta tropical ‘Polo’
La tormenta tropical 'Polo' tiene altas probabilidades de evolucionar a huracán y alcanzar la categoría 5, de daños catastróficos

Escribo esto por la tarde del domingo, antes de saber los resultados exactos de la elección del 1 de julio, la más grande, por su número, de la historia de México.

No tengo cifras definitivas de los resultados, pero todo indica, por las primeras encuestas de salida, que ayer hubo un cambio mayúsculo en la estructura misma de la democracia mexicana, que es su sistema de partidos.

El electorado castigó severamente a los antiguos referentes partidarios, el PRI, el PAN y el PRD, y dio a luz a un nuevo partido mayoritario, Morena, así como a un presidente y a un gobierno fuertes, con un mandato como no había tenido ningún contendiente desde la alternancia democrática del año 2000.

Las elecciones de ayer reconocen como mayoritario un proyecto de gobierno de ruptura respecto de los que hasta ahora encumbró la democracia mexicana.

El triunfo de López Obrador y de Morena pone fin al consenso liberal o neoliberal que guió la política y la economía de los últimos años.

Da el poder a un presidente que quiere restablecer la rectoría del Estado sobre el mercado, y lo hace reduciendo el pluralismo característico de los últimos comicios: el de una democracia dividida en tercios, que ha dado lugar una vez y otra a gobiernos divididos, minoritarios en el Congreso.

En muchos sentidos puede decirse que esta elección esboza el principio de una nueva hegemonía política de México.

En el océano de incredulidad pública que era el ambiente político de nuestro país, López Obrador encontró otro océano, también enorme: el de las inmensas ganas de creer.

Ha convencido a millones de mexicanos que iniciará lo que llama la Cuarta Transformación de México, un cambio del tamaño de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

La desmesura de la comparación habla del tamaño de la esperanza a que su candidatura ha convocado. Y también del tamaño de la aventura que los electores mexicanos iniciaron ayer. Han hecho una gran apuesta sobre una gran promesa.

Diría para abreviar que ayer terminó la primera época de la democracia mexicana y dio principio la segunda. Y que ayer fue el día de la esperanza, de las ganas de creer.

[email protected]