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El deporte nacional de la simulación, ejecutó, el domingo pasado, una de sus presentaciones más espectaculares de los últimos tiempos, cuando se llevó a cabo el primer debate con los candidatos a la Presidencia de la República, para el período 2018-2024.  Si bien, el formato adoptado esta vez hizo que la confrontación fuera más dinámica que otras veces, la cantidad de aspirantes participantes ocasionó que importantes temas tocados apenas o soslayados en una ronda, no se resolvieran, ni volvieran a mencionarse en los turnos subsecuentes, de tal suerte que, después del debate, los ciudadanos quedamos tan desinformados, sobre algunos asuntos de interés, como lo estábamos antes del cotejo.

La simulación, también está presente en las variopintas coaliciones que apoyan a los candidatos. Por ejemplo en la llamada “Todos por México”, alianza conformada por el inefable Partido Nueva Alianza; el Partido Verde Oportunista, que ni es verde, ni ecologista y, mucho menos, partido; y el que tiene el bien (¿?) ganado desprestigio social y, hoy en día, es la organización política más rechazada y repudiada por la ciudadanía, el PRI. Paradójicamente, el candidato de esta alianza, #YoMero, José Antonio Meade, cinco veces secretario de Estado, se dice candidato ciudadano, pero como llegó a la candidatura por órdenes del, priista, presidente Peña Nieto, pidió —¿por órdenes de éste?— a la militancia y a la cúpula del partido, del que han salido funcionarios ejemplares como los dos Duarte y Roberto Borge —por hablar de los de última generación—, que lo hicieran suyo y el instituto —iba yo a escribir prostituto— político le tomó la palabra, lo hizo tan suyo, que no le ha dejado ningún margen de maniobra para poderse desmarcar de la corrupción que el Revolucionario Institucional tiene como prototipo. Por más esfuerzo que hace el precitado #YoMero para dar constancia de su honradez el lastre tricolor anula su discurso anticorrupción. Además como #YoMero fue secretario de Hacienda y de Desarrollo Social, es muy difícil creer que no se haya percatado de los desvíos de recursos, transas y moches, en el actual y en el anterior sexenio. Esto hace que la población lo perciba como corrupto cómplice o como funcionario omiso y, por ende, ineficiente en su trabajo. (Un paréntesis para decir que en opinión de mi amigo César González, #YoMero no levanta ni con Viagra).

El encubrimiento —otra forma de la simulación— se hizo evidente en la alianza “Por México al Frente”, conformada por el Partido Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática y la entelequia llamada Movimiento Ciudadano. ¿En qué cabeza cabe que es posible juntar a la organización partidista a la que pertenecen los Chuchos –Martínez y Zambrano- con el partido al que pertenecieron los Manueles —Gómez Morín y Clouthier—; de la humedad, es decir del MC, luego hablamos. Para muchos el joven marranilla, quise escribir maravilla, fue el ganador del debate. Sin dejar de reconocer que el queretano, con cara de estudiante de secundaria, es un brillante polemista y un buen orador, habrá que esperar a ver cómo incide en su posición en las preferencias electorales su actuación en el enfrentamiento del domingo.

También existe fingimiento —otra forma de llamar a la simulación— en la coalición “Juntos Haremos Historia”. No es posible que agrupados caminen el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, formado y dirigido por AMLO, de sedicente izquierda, con el también seudo izquierdista Partido del Trabajo, propiedad de Alberto Anaya, que, además de a la política se dedica al negocio de las escuelitas para niños, los llamados Centros de Desarrollo Infantil (Cendis), los cuales son subsidiados, con bastantes millones de pesos,  por el gobierno al que pretenden sustituir. Para hacer más disímbola y contradictoria la alianza de referencia, a ésta se agregó, de última hora, el Partido Encuentro Social (PES), partido de ultraderecha. De lo anterior concluimos que “todos caben en Morena sabiéndolos acomodar”. No obstante la revoltura ideológica, la contradicción que maneja y el artificio de la coalición impulsada por él, López Obrador, llegó al primer debate como el puntero indiscutible de las encuestas —péjele al que le peje—; razón por la cual, como se esperaba, los otros cuatro aspirantes se dedicaron a pegarle con singular alegría. En opinión del experto Roy Campos, el tabasqueño asistió al debate con ánimo de no perder y lo logró. Les habló a sus simpatizantes y se mantuvo en sus posturas.

Donde la impostura —otra forma de simulación— llega al máximo nivel es con los (mal) llamados candidatos independientes: Margarita Zavala, que hasta hace poco tiempo era panista de hueso azul, y Jaime Rodríguez, el Bronco, quien, durante 30 años y hasta hace un poco más de tres, militara en el PRI con todo y caballo. La actuación de estos dos candidatos fue como se esperaba: Margarita, emotiva pero trastabillante. El Bronco, en su tesitura de echado para adelante y sobre Andrés Manuel. Desmesurado. Llegó a la estridencia cuando propuso mocharles la mano a los ladrones. (Esta propuesta en un país de ladrones como el nuestro, puede provocar escases de mano de obra y un gran problema: Si los corruptos, de manera progresiva, van quedando mancos, cuando caiga el último de ellos no va a haber quien pueda manejar el hacha).

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