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La espiral de violencia que sufrimos empieza en la guerra contra el narco, derivada de la persecución de las drogas ilícitas, y de la fragmentación de las bandas producidas por esa persecución.

La persecución fragmenta, pero también expande la presencia territorial de las bandas. Alcanzan una implantación nacional de los cárteles que estaban antes radicados en unas pocas ciudades. Algunas decisiones políticas y administrativas de la persecución produjeron más violencia que las balas.

Un ejemplo:

La intercepción del paso de cocaína por avión desde Colombia, obligó a las bandas a traerla por tierra. Lo que era en los 90 una fiesta de avionetas yendo y viniendo de Colombia a Chihuahua o Tamaulipas, se volvió, a principios del siglo, una red de bandas apoderándose de la policía y el transporte de ciudades claves del acarreo terrestre desde Centroamérica.

Digamos: Tapachula, Villahermosa, Coatzacoalcos, Veracruz, Tampico, Reynosa. Los Zetas fueron los encargados de este proceso, que explica por su mayor parte su primera expansión. Los Zetas fueron también los pioneros en dedicarse no solo al negocio del tráfico, sino al de la extorsión de las ciudades que tenían bajo su dominio.

Otro ejemplo:

La construcción del muro de Clinton en la frontera noroeste y su apretón en la frontera del sudoeste americano hizo de Ciudad Juárez, Reynosa y vecinas las nuevas joyas de la corona del tráfico.

Todas las bandas corrieron a controlar esos pocos pasos y la batalla por controlarlas dio origen a las guerras del Chapo Guzmán y el cártel de Sinaloa, contra todos los demás jugadores, entre ellos el cártel del Golfo y Los Zetas. Esas guerras costaron de lado y lado unos 40 mil muertos.

Se preguntará algún lector cuánto se redujo el paso de drogas a Estados Unidos con estas medidas. La respuesta es: nada. Nada que pueda atribuirse puntualmente a la intercepción.

Las fluctuaciones en el abasto fueron por cambios  en la demanda del mercado estadunidense por la mota, la coca, las metanfetaminas.

La fluctuación de moda hoy es la del mortífero fentanilo: un derivado del opio, que ha disparado las muertes por sobredosis en aquel país, así como la demanda por los derivados de la amapola que se siembra en Guerrero.

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