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La competencia en las elecciones del próximo año no solo se dará en el eje ideológico, entre la izquierda y la derecha. También tendrá la vertiente del rechazo al “sistema” y a la política tradicional. Si Andrés Manuel López Obrador logra captar el voto de izquierda y se consolida como el único candidato antisistema, sus contendientes acabarán peleando entre sí por los electores restantes.

Quizá esto explica la radicalización del discurso de Ricardo Anaya y su énfasis en el combate a la corrupción y a la desigualdad. Aunque con anclajes distintos a los de AMLO, el mensaje de este fin de semana para anunciar su candidatura se centró en los mismos temas del líder de Morena.

Anaya destacó la necesidad de romper las “estructuras de corrupción” de los gobiernos del PRI y del PAN, un planteamiento no muy distinto al de acabar con la mafia del poder. Y en el ámbito de la política pública, insistió en la renta básica universal, una propuesta que la derecha tilda de populista.

Como el frente está vertebrado fundamentalmente por el PAN, a Anaya no le será fácil moverse a la izquierda. De hecho, la alianza por sí misma desdibuja al PRD en este sector ideológico. Así, la ventaja de Morena es muy relevante pues, como ha documentado Alejandro Moreno, cada vez hay más ciudadanos en ese flanco (El Financiero, 15/12/2016).

De ahí la importancia del voto antisistema. Si bien es cierto que los independientes, al estar fuera de los partidos, también pueden captar parte del voto del hartazgo, eso todavía está por verse.

Por lo pronto, Anaya parece decidido a no dejarle todo el voto antisistema a AMLO. Ya en las elecciones del año pasado, y tal vez como reacción al avance de El Bronco en Nuevo León, los candidatos de la alianza PAN–PRD arrebataron esa bandera a los independientes al anclar con éxito sus campañas en el combate frontal a la corrupción.

Esa parece ser la misma estrategia que seguirá el frente con Anaya en 2018. Habrá que ver si le alcanza para captar a esos electores que serán definitorios.