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Así empezó Rius su carrera de dibujante: ‘de chiripada’
Foto de Cuartoscuro

El caricaturista Eduardo del Río, mejor conocido como “Rius”, se dedicó a esa profesión como muchos de su generación: por casualidad (o “de chiripada”, como decía él cuando contaba la anécdota).

Del seminario a Gayosso

Motivado por su mamá y sus hermanos, Del Río ingresó a un seminario católico para convertirse en cura; sin embargo, fue expulsado de ahí poco tiempo después. “En vez de papa, acabé de camote”, solía decir el autor del libro “Marx para Principiantes”.

Después, buscando empleo, encontró uno en la funeraria Gayosso, donde le dijo a su mamá que trabajaría como “gerente de Comunicaciones”, cuando en realidad sería el telefonista.

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Foto de Cuartoscuro

Del Río comentaba que sus jefes le habían propuesto viajar a Estados Unidos para aprender a embalsamar cadáveres y así poder hacer más cosas dentro de la funeraria; pero, mientras, los teléfonos no sonaban constantemente, por lo que tenía mucho tiempo para dedicarse a dos actividades básicas en su vida: leer y dibujar.

Sus dibujos eran sencillos y chuscos, caricaturas de bromas que sólo usaba para pasar el tiempo.

Un día, llegó un hombre a pedirle el teléfono y por casualidad vio sus dibujos sobre la mesa. Resultó ser Pancho Patiño, el editor de una revista para hombres (Del Río decía que era de esas que “se leían en las peluquerías) que en cada portada llevaba la foto de una atractiva chica y en su interior tenía chistes contados con caricaturas.

Patiño le dejó su tarjeta y le dijo que le llevara algunos trabajos. A la siguiente semana, Del Río llevó un buen paquete de caricaturas y así empezó su carrera de dibujante.

De los chistes a la política

Durante varios meses, Del Río trabajó simultáneamente en la funeraria y en la revista, ya que esta última no pagaba muy bien.

Los chistes de sus caricaturas eran todavía mudos, como los de los antiguos calendarios, con cierto contenido intelectual y todavía sin tocar asuntos políticos.

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Foto de Internet

Un año después, se enteró que el caricaturista Abel Quezada (uno de los más importantes de la historia del periodismo mexicano) se iría del periódico Ovaciones, por lo que decidió ir a verlo para pedirle que le dejara su lugar.

Quezada, al ver su trabajo, le dio una carta de recomendación, la cual Del Río presentó de inmediato y, en un par de días, ya estaba publicando cartones político en ese diario.

Sus posturas políticas, irreverencia y otras características que lo acompañaron siempre, le generaron problemas, por lo que después se lanzó a otra importante etapa: hacer historietas. De ahí surgieron dos memorables publicaciones: Los Agachados y Los Supermachos.

A los libros, también por casualidad

También fue una casualidad la que hizo que Del Río empezara a escribir libros, actividad por la que se hizo muy conocido a través de las generaciones.

Del Río era militante del Partido Comunista, y lo enviaron a Cuba para que, junto con el fotógrafo Rodrigo Moya y el periodista Froylán Manjarrez, escribieran un libro sobre la isla.

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Foto de La Jornada

Durante varios días, recorrieron Cuba y entrevistaron a diversos personajes, incluido Ernesto “Che” Guevara, pero el proyecto no se culminó debido a la muerte de Manjarrez.

Fue entonces cuando Del Río descubrió que tenía suficientes ideas para escribir un libro y así creó “Cuba para Principiantes”.

Eduardo del Río nació en Michoacán el 20 de junio de 1934 y murió hoy en Morelos a la edad de 83 años.

Por Carlos Tomasini (@carlostomasini)