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Se oponen a la segunda vuelta en México quienes creen que pueden perderla, es decir, quienes temen el voto auténticamente mayoritario del electorado. Son PRI y Morena. Ambos leen las encuestas y entienden, no de ahora, de hace mucho tiempo, que el rechazo que han sembrado en los votantes es mayoritario.

Sus negativos son altos. Cuando aparece la pregunta “¿Por quién no votaría usted en ningún caso para la Presidencia”, el PRI registra 60 por ciento. Lo mismo, bajo distintos ropajes, sucede con la izquierda, ahora con Morena.

El rechazo político fundamental a la segunda vuelta viene, pues, de quienes saben o creen que no pueden ganar la mayoría absoluta de los votos de los mexicanos.

A lo más que pueden aspirar es a una victoria fragmentaria con algo más o algo menos que 30 por ciento de los votos emitidos, algo así como 16 por ciento de la “voluntad de la nación” si contamos a todos los electores posibles.

No es el mejor de los argumentos democráticos. Los dos competidores que no pueden ganar con mayorías absolutas, sostienen contra viento y marea las reglas que garantizan solo las “mayorías minoritarias” que ellos pueden ganar.

No buscan la expresión cabal de la ciudadanía, sino su expresión fragmentada. Quieren quedarse con el todo ganando solo una parte muy inferior a la última expresión de la mayoría democrática: la mitad más uno.

Temen pues la segunda vuelta los candidatos y los partidos que creen que perderían en un cara a cara frente a los votantes de la nación. Temen en realidad al electorado.

Partidos y candidatos anteponen aquí, una vez más, sus intereses particulares a la salud general del sistema democrático.

Se han acomodado a la lógica de las mayorías minoritarias, a elecciones que se pueden ganar por unos puntos mediante diversas astucias y corruptelas que en México se llaman “operación electoral”, y han perdido del todo, si alguna vez la tuvieron, la vocación de mayoría característica de los regímenes verdaderamente democráticos.

Alcance: El espionaje del gobierno a periodistas y miembros prominentes de la sociedad civil es inaceptable. Las explicaciones dadas hasta ahora por el gobierno, también.

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