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Revive la discusión sobre la posibilidad de la segunda vuelta presidencial, que parecía muerta hace unas semanas.

Se habla de las restricciones de tiempo y costo para su puesta en práctica en 2018, pero no se habla de sus beneficios para la ciudadanía, para la democracia, para la gobernabilidad, para los candidatos y para los partidos.

La segunda vuelta da a los ciudadanos el poder de votar dos veces y decidir sin ambigüedad, por mayoría absoluta de los votos, quién quieren que los gobierne. Literalmente duplica el poder del voto ciudadano.

Devuelve la competencia democrática a su principio esencial, que es producir gobiernos de mayoría, no de mayorías minoritarias, como han sido las de la democracia mexicana, con triunfadores por los que no ha votado la abrumadora mayoría del país.

Al restituir el principio de mayoría, la segunda vuelta abre el camino para gobiernos menos frágiles, capaces de vencer el fantasma de los gobiernos divididos que nos persigue desde 1997.

Por último, la segunda vuelta les da a los partidos y a los candidatos la oportunidad de competir dos veces si terminan en primer y segundo lugar, y de negociar con los dos punteros si terminan en tercero, cuarto o quinto.

Habría dado al PRI una segunda oportunidad frente a Fox en el año 2000. En el año 2006, habría dado una segunda oportunidad a López Obrador frente Calderón. En 2012, nuevamente, habría dado una segunda oportunidad a López Obrador frente a Peña.

Hoy estaría dando una segunda oportunidad a Delfina frente a Del Mazo en el Edomex y a Anaya frente a Riquelme en Coahuila.

¿Cuántas protestas y cuántas fallas de legislación derivadas de esas protestas habría evitado la segunda vuelta en nuestra zarandeada democracia? Acaso todas.

Los contendientes de 2018 previsiblemente perderán o ganarán por pocos puntos, con algo cercano a 30 por ciento de los votos.

Si hay segunda vuelta, dos de ellos tendrán la oportunidad de competir de nuevo y los mexicanos la ocasión de elegir por segunda vez.

Se dice que hoy la segunda vuelta tendría dedicatoria para López Obrador. Pero si López Obrador cree, como ha dicho, que las elecciones de 2018 serán “un plebiscito” entre “un régimen caduco” y “el cambio verdadero”, lo que necesita es la segunda vuelta.

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