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Como “el cártel que asesina funcionarios” bautizó Héctor de Mauleón al de Jalisco Nueva Generación, la más reciente pesadilla de la guerra mexicana contra el narco. (El Universal, 30 abril 2015)

Según el Instituto Jalisciense de Estudios Forenses, durante lo que va del gobierno de Aristóteles Sandoval, este cártel ha matado a 103 funcionarios. En promedio, uno cada semana.

El cártel de Jalisco, explica De Mauleón, cree que, desde su llegada al poder, el nuevo gobierno local se resiste a su influencia y favorece a Los caballeros templarios.

Esta es la razón invocada por el cártel para su ofensiva contra las autoridades desde que hizo matar al secretario de Turismo, José de Jesús Gallegos, el 9 de marzo de 2013 en una avenida de Guadalajara.

La versión de De Mauleón introduce cierta lógica, salvaje pero lógica al fin, en lo que de otra forma parece solo una explosión gratuita, inexplicada e inexplicable.

Si uno atiende a la historia de estas explosiones, encontrará detrás la estrategia establecida durante la Presidencia de Felipe Calderón, con asistencia y diseño de la DEA: descabezar a los cárteles grandes para diluirlos como amenazas a la seguridad nacional, y dejarlos convertidos en bandas locales, más o menos peligrosas, pero en territorios de menor peso, con menos gente, menos ingresos y menos capacidad de fuego.

A esto, el gobierno del presidente Peña Nieto añadió el criterio de atacar a los cárteles más violentos, como los Templarios y Los Zetas. Con visible eficacia.

Todos los cárteles grandes han sido debilitados. El problema es que sus “remanentes” son más costosos para las comunidades donde se quedan. Y, al explotar, parecen pruebas del fracaso de la estrategia, no de su éxito.

¿Cómo puede haber matanzas como la de Ayotzinapa o incendios como el de Jalisco, si la guerra contra los cárteles se va ganando?

Lo de Jalisco parece grande para ser un remanente. Es una declaración de guerra narca con exhibición de fuerza, emboscadas letales y bloqueos de carreteras claves. ¿Se trata de un “remanente” o de un reinicio?

El hecho capital sigue siendo este: mientras haya persecución violenta de drogas prohibidas habrá violencia.

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