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Nacional La boleada vil al vil presidente de la Corte
Ayer vimos un retrato de la soberbia, vileza degradante de la 4-T, cuando al presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, sus ayudantes le limpiaron los zapatos en la calle, públicamente y él, petulante, lo toleró vergonzosamente
Internacional Juez de EE.UU. prohíbe a ICE utilizar datos tributarios para localizar migrantes
El uso de datos tributarios con fines migratorios podría disuadir a millones de personas de cumplir con sus obligaciones fiscales por temor a represalias
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El mensaje respondió a declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que ya se hablaba con representantes de Cuba
Nacional México amplía diálogo sobre minerales críticos con Canadá, Japón y UE, tras pacto con EE.UU.
"Tendremos un diálogo muy similar sobre minerales críticos con otros países del mundo en los próximos 60 días", indicó Marcelo Ebrard
Nacional Balacera en el Centro de Monterrey deja siete personas lesionadas
Entre los lesionados se encuentran cuatro mujeres de alrededor de 40 años, una menor de 15 años y dos hombres de 45 y 55 años

La indignación que gobierna la opinión pública alcanza momentos delirantes. Diría que más eficaces, entre más delirantes.

Todo empieza en la batida contra el gobierno y contra los políticos de todos los bastiones. Pero termina en la derogación de todo.

En la lógica de este frenesí de la indignación, solo es eficaz quien supera la cuota previa de dicterios. El efecto final de la carrera en la opinión pública es que México vive un momento catastrófico: una corrupción, un desgobierno, una violencia, un desmoronamiento sin precedentes.

Gil Gamés ha recogido y comentado tres momentos verbales característicos de este momento (“Rasgar vestiduras”, El Financiero, 13/3/15):

Del laureado director de cine Alejandro González Iñárritu: “Los gobiernos ya no son parte de la corrupción. El Estado es la corrupción”.

De acuerdo, pero entonces ¿hay que acabar con el Estado? ¿Y quién acabará luego con la corrupción, el estado de naturaleza?

Del talentosísimo Guillermo del Toro: “Me encantaría sentarme con la clase política y prenderles fuego para que hubiera voluntad histórica, no nomás voluntad de robar”.

De acuerdo, pero ¿prenderles fuego? Por ejemplo: ¿quemar el Congreso, Los Pinos? ¿De cuántos políticos tendría que ser la pira para corregirlos a todos? ¿Alcanzaría el Zócalo? ¿O más bien uno por uno, como antes? ¿O quizá solo quemarles los pies, como a Cuauhtémoc, para que digan dónde está el tesoro y no se lo vuelvan a llevar?

Del extraordinario escritor Fernando del Paso: “Nuestra patria parece desmoronarse, algo se está quebrando en todas partes”.

Esta es quizá la sensación más profunda, la que reúne al final del cauce de las indignaciones: es la sensación de que México se está hundiendo, como el Titanic.

Gamés pregunta: ¿de qué patria anterior hablamos? ¿Cuál era ese país roquizo que hoy se nos desmorona entre las manos? ¿El de Calderón? ¿El de Fox? ¿El de Zedillo? ¿El de Salinas? ¿El de De la Madrid? ¿El de López Portillo? ¿El de Echeverría? ¿El de Díaz Ordaz?

¿Estamos locos, como dice Gamés? ¿O estamos solo exagerando un poco para conversar?

 

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