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Se la puso difícil, Alejandro González Iñárritu, a la deidad, a la divina providencia, al poder superior, al gran arquitecto del universo, al todopoderoso, en fin, al ser divino, o al personaje con poderes mágicos, al que le rogó para que los mexicanos que vivimos en México “podamos construir el gobierno que nos merecemos”.

La noche del domingo, tras recibir tres Óscares por su película Birdman, el cineasta mexicano pronunció su coloquio de agradecimiento en inglés, el cual terminó en español con “un saludo a todos mis compatriotas mexicanos”. Inmediatamente, volvió al inglés para decir: “Finalmente, solamente quiero tomarme un segundo para tener la oportunidad de dedicar este premio a mis compatriotas mexicanos, aquellos que viven en México; ruego que podamos construir el gobierno que nos merecemos, y aquellos que vivimos en este país, quienes somos parte de la última generación de inmigrantes en este país, espero que pueda ser tratada con la misma dignidad y respeto que la gente que llegó antes y que construyeron esta increíble nación de inmigrantes”.

Impecable y encomiable el sentido de la oportunidad de Alejandro -a quien sus cuates apodan El Negro- que aprovechó el gran reflector en que se convirtió la octogésima séptima entrega del galardón más preciado en la cinematografía mundial para mandar un mensaje político-social a su nación y al país en el que actualmente vive.

La inesperada virtud de la ignorancia

Tal es el subtítulo de Birdman, película por la que otro mexicano, el fotógrafo, Emmanuel El Chivo Lubezki, ganó su segundo Óscar consecutivo.

Pendiente de las actividades y los éxitos de los mexicanos dentro y fuera del país, el presidente Enrique Peña Nieto, a través del Twitter, felicitó a los galardonados:

“@EPN Alejandro González Iñárritu, qué merecido reconocimiento a tu trabajo, entrega y talento. ¡Felicidades! México lo celebra junto contigo”.

“ @EPN ¡Felicidades a Emmanuel Lubezki por ese merecido Óscar! Su trabajo de fotografía en Birdman es extraordinario”.

De ambos mensajes presidenciales quiero destacar algunas cosas. Por ejemplo, que a Alejandro, director, escritor y coproductor de la peli, lo tutea. A Emmanuel, que es nada más -¡y nada menos!- que el fotógrafo de la misma, le habla de usted. ¿Por qué? Váyase usted a saber el motivo. Creo que hasta en el Twitter la forma es fondo, por lo que infiero que el tuteo presidencial es directamente proporcional al cargo que el tuteado ostente o al número de estatuillas ganadas en una sola entrega. También llama mi atención el hecho de que el jefe de Virgilio Andrade, en ninguna de las dos felicitaciones, haya expresado el concepto aplausos -que a él tanto le gustan y que cuando están ausentes lo reciente. Bien pudo, sin afectar los 140 caracteres que ésta nueva forma de comunicación tolera, agregar alguna expresión como “mereces un aplauso” al final de la felicitación al Negro y/o agregar tres o cuatro onomatopeyas: clap, clap, clap, en la del Chivo.

Digno de enfatizar el hecho de que Peña Nieto no se haya sentido aludido y, mucho menos agraviado, por el comentario sobre “el gobierno que nos merecemos”, lo cual indica que el que tenemos no es el anhelado. Tal vez como el tres veces premiado lo expresó en inglés, idioma que, sabemos, no se le da muy bien al preciso, éste no lo registró en el momento.

El que sí lo registró y hasta pretendió sacarle raja fue el Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien con el cinismo que lo ha caracterizado desde siempre tuiteó: “@PRI_nacional Coincidiendo en el orgullo mexicano, es un hecho que más que merecerlo estamos construyendo un mejor gobierno. Felicidades. #GonzálezIñárritu”.

El lector podrá sacar sus propias conclusiones. Para mí, es evidente la cara dura que tiene el PRI que finge demencia ante la pedrada dirigida por González Iñárritu al mal gobierno que tenemos -en los tres niveles, en los tres poderes y ejercido por políticos de todos los partidos- cuya corrupción, impunidad y simulación han llegado a nivel de escándalo mundial. Lejos de reconocer esto con una actitud autocrítica que se podría interpretar como hipócrita o increíble pero que resultaría irrebatible, el partido tricolor aprovecha lo manifestado por el cineasta para pretender una coincidencia de ideas que no existe y apelar al orgullo mexicano como si González Iñárritu fuera en la segunda década del siglo XXI el equivalente al Ratón Macías en la segunda mitad del siglo pasado.

Otra lectura a lo formulado por el director de Amores Perros, nos sitúa en la posibilidad de que la jiribilla implícita en su discurso sea una llamada de atención a la sociedad mexicana, en este año electoral, para que tomemos conciencia y dejemos a un lado la apatía, la desmemoria y el valemadrismo, males endémicos de los mexicanos, y nos pongamos las pilas a la hora de votar y exigentes con quienes deben ser nuestros servidores, no nuestros proxenetas.

Oí por ahí

Marido y mujer están en la cama. Ella habla:

–Amor, dime cosas sucias.

–La casa de tu mamá.

–¡No! Algo sexy.

–Las buenas nalgas de la vecina.

–No, pendejo; algo que me guste.

–Estar chingue y chingue.