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El 1 de agosto publiqué aquí un texto convencido de que las explicaciones del procurador de Justicia de Puebla, Víctor Carrancá, eran creíbles, sólidas, difíciles de rebatir. Lo titulé: “Duele decirlo, pero los manifestantes mataron al niño”.

Habían pasado tres semanas de los hechos de Chalchihuapan; del choque entre la policía estatal y manifestantes que bloqueaban un tramo de la carretera Puebla-Atlixco. Como se recordará, hechos donde perdió la vida un niño de 13 años. ¿Ellos mataron al niño con sus bazucas caseras de tubo PVC?, le pregunté tres veces al procurador Carrancá. Así es, me respondió tres veces.

Es cierto que anoté en los párrafos finales: “Hasta ahí ha avanzado la información. Quizá hoy, mañana, surjan nuevos datos (…) Hasta ahí va el discernimiento entre mentira y verdad. Entre realidad y ficción”. Pero le creí a la autoridad.

Pues resulta que las cosas no fueron así. El viernes, la propia autoridad poblana detuvo por violaciones graves a los derechos humanos en aquel trágico enfrentamiento a seis policías estatales, destituyó a la subsecretaria de Coordinación y Operación Policial de la Secretaría de Seguridad Pública, y amonestó y multó al secretario, Facundo Rosas.

Es un escándalo. O engañaron al procurador Carrancá con aquel peritaje. O el procurador Carrancá fabricó una versión favorable. No hay más. La información de que se disponía aquellos días no es muy distinta a la de hoy. ¿Quién falló, qué falló; quién mintió, por qué?

No me queda, por lo pronto, más que cambiar el título: Entonces sí fue la policía del gobernador Moreno Valle.

Ante la duda, fue la policía. Qué desgracia.