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El lugar más seguro para vivir que ha existido en la historia de la humanidad es la Europa Occidental de hoy, donde el índice de homicidios es de 1 (uno) por cada 100 mil habitantes.

La zona más peligrosa que ha existido nunca es la comunidad de Kato, California, en los años 1840, donde la tasa de violencia llegó a ser de mil 500 homicidios por cada 100 mil habitantes (Steven Pinker: The Better Angels of our Nature, p. 53).

La exploración forense de sitios arqueológicos ha permitido medir, por las lesiones de los esqueletos, la increíble proporción de seres humanos que morían violentamente en la prehistoria.

En promedio, un 15% de las muertes totales: 524 homicidios por cada 100 mil habitantes.

El primer gran arco de disminución de la violencia es el fin del nomadismo primitivo, esencialmente predador, y la aparición de las sociedades agrícolas sedentarias, que dieron paso a distintas formas de Estado.

El Estado fue el gran pacificador. También fue el  origen de las guerras subsecuentes de la historia: las pequeñas, las grandes y las “hemoclísmicas”.

La violencia que el Estado redujo fue superior a la que creó. El muy gobernado azteca tenía una tasa de 250 homicidios por cada 100 mil habitantes. Una tasa muy alta, pero la mitad de la tasa promedio de las sociedades sin Estado.

La Francia posabsolutista de la Revolución y las guerras napoleónicas al final tuvo un promedio de 70 homicidios por cada 100 mil habitantes, sorprendentemente bajos comparados con las de siglos anteriores.

Las guerras mundiales del siglo XX arrojaron tasas de violencia de 144 muertes violentas por cada 100 mil en Alemania, 135 en la URSS, 27 en Japón.

Los mexicanos sabemos algo sobre esto de los homicidios por 100 mil habitantes. Teníamos 8 por cada 100 mil en 2007, 23 en 2011, quizá 18 este año.

Podemos imaginar lo que fue vivir bajo las terribles cifras históricas de Pinker, digamos las del Imperio azteca: 250 muertes violentas por cada 100 mil.

El tamaño del horror que media entre unas cifras y otras es el tamaño del proceso civilizatorio.

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