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¿Cómo medir los éxitos y los fracasos de los partidos políticos en las elecciones del próximo domingo?

En un primer plano están los números. El PRI se impuso la meta de ganar en nueve estados. Alcanzarla o superarla significaría un éxito rotundo.

Históricamente, el PAN nunca ha ganado más de tres estados en este tipo de elecciones. Igualar o mejorar su récord sería un muy buen resultado.

Al PRD le bastaría un triunfo para demostrar que no está muerto, aunque si lo que busca es no quedar fuera de la jugada de cara al 2018, necesitaría cuando menos llevarse dos estados.

Morena debe ratificar su supremacía en la Ciudad de México. Si además ganara una entidad, se colocaría en una posición de privilegio para la sucesión presidencial.

Sin embargo, los números no cuentan toda la historia. Importan los “cuántos”, pero se imponen los “cuáles”.

Para Morena, ganar en Veracruz resultaría extraordinario. Por el número de votos y por su estrategia de campaña contra los partidos tradicionales, se posicionaría como la más fuerte de las opciones anti-establishment. Sobre todo si consideramos que los candidatos “independientes” no han pintado en este proceso electoral, tal vez porque ninguno atrajo el dinero ni el apoyo mediático que El Bronco consiguió el año pasado en Nuevo León.

Para el PRD, el panorama es sombrío. Todo indica que será barrido en la Ciudad de México, su añejo bastión. Su única esperanza es Tlaxcala, lo que apenas le daría un poco de oxígeno. Si además, en alianza, logra sorprender en Quintana Roo o en Oaxaca, ya tendría discurso.

Veracruz es clave para el PAN y, principalmente, para su dirigente, Ricardo Anaya, quien fue el impulsor de la polémica candidatura común de Miguel Ángel Yunes. De fracasar, habrá fila de panistas que querrán cobrarle la factura. Y es que la previsible victoria en Puebla sería mérito de su rival, el gobernador Rafael Moreno Valle, y el posible triunfo en Tamaulipas tampoco le podría ser adjudicado.

Finalmente, aunque al PRI parecen importarle más los cuántos que los cuáles, Veracruz sí tendría un peso específico en caso de una derrota ante Morena. No solo perdería una reserva de votos, sino que la entregaría a su principal rival para el 2018 y exhibiría el tema de la corrupción como el nuevo motor de los procesos electorales. Malas noticias sin duda.