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En octubre, en una conversación privada, le pregunté a Miguel Ángel Mancera qué haría el día que Andrés Manuel López Obrador lo buscara para pedirle, también en privado, que se hiciera a un lado de la contienda presidencial de 2018.

La reposada respuesta del jefe de Gobierno de la Ciudad de México fue lógica y de buenos argumentos. Quizá alguna vez le pida autorización para reproducirla. Ayer le solicité una respuesta pública sobre lo expresado por López Obrador el domingo en Cuetzalan, Puebla. Mancera mandó decir que, por lo pronto, no tocará el tema.

Desconozco si el líder de Morena le exigió personalmente que se bajara del tren. Sé en cambio que el 14 de noviembre, en Monte Escobedo, Zacatecas, incluyó de pasadita a Mancera en la lista de los precandidatos ligados a la mafia del poder. El domingo en Cuetzalan ya no fue tan suave. Dijo que, como Osorio Chong, Videgaray, Nuño, Meade, Beltrones, Moreno Valle, Margarita Zavala y El Bronco, Mancera es un pelele de “Salinas”, un servicial empleado de los mafiosos que le tratarán de arrebatar por tercera ocasión la Presidencia de la República.

López Obrador ha trazado la ruta. Si Mancera no se subordina, si no se da por vencido, será un traidor, un gato de la siniestra conspiración de las fuerzas corruptoras. Hay evidencia de sobra para suponer que si el tabasqueño calcula que Mancera es un obstáculo en su proyecto presidencial, se lanzará a aniquilarlo junto a todo lo que lo rodea. Para esa embestida, además de su liderazgo, dedo flamígero y tiempo ilimitado en radio y televisión, cuenta ahora con Morena, un temible brazo de desestabilización. Morena, favorita para ganar la Ciudad de México en 2018.

Recuerdo que en la charla de octubre le dije a Mancera que cualquier posibilidad en 2018 pasaba obligadamente por dos extraordinarios años de gobierno en el 16 y el 17. Ahí va. Pero debe levantar la cabeza. A las rudezas y el fanatismo lopezobradorista tendrá que oponer el pragmatismo, el pluralismo, la tolerancia. Y no seducirá a la izquierda liberal y moderna si no pinta una raya con el gobierno de Peña Nieto. ¿Por qué habrían de votar por él si en cada imagen aparece sonriente y solidario con las banderas del peñanietismo?

Las propias encuestas que lo presentan con una pobre calificación como gobernante, lo ponen como uno de los precandidatos mejor colocados. Creo que llegó para Mancera la hora de la doble ruptura: con López Obrador que le está gritando que se quite y con Peña Nieto que le espantará simpatías, intención de voto.

Diría Martín Luis Guzmán: como verá usted, jefe de Gobierno, la cuestión es bien sencilla.

MENOS DE 140: Mañana, un año, cuatro meses y 29 días después, el presidente Peña Nieto pisará Iguala.