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Brasil: quién gane la Presidencia no tendrá todo el poder
Foto de Samuel Costa Melo en Unsplash

Por: Rodrigo Aguilar Benignos

Analista Internacional y miembro del Consejo de Relaciones Exteriores de EE.UU.

Brasil volverá a las urnas el 25 de octubre para elegir presidente, pero una parte del poder con el que deberá gobernar ya comienza a definirse. La fortaleza de la derecha en gubernaturas y elecciones senatoriales ofrece la primera señal de esta jornada: su capacidad para competir rebasa la candidatura de Flávio Bolsonaro. Está construyendo posiciones desde las cuales podrá impulsar decisiones, negociar apoyos o bloquear al próximo Ejecutivo.

La segunda vuelta entre Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, y Luiz Inácio Lula da Silva ya fue confirmada por el Tribunal Superior Electoral, según la cobertura consultada. En el corte de las 21:00 horas de Brasilia, Flávio registraba 47.37% de los votos y Lula, 44.76%. Son cifras parciales, aunque la siguiente etapa ya está definida.

La distancia se redujo conforme avanzó el conteo. Parte de esa evolución responde a las diferencias de geografía: el sur, favorable a Bolsonaro, reportó antes que el nordeste, bastión de Lula. La ventaja concede iniciativa a Flávio; Lula conserva una base considerable y margen para competir. Ambos deberán combinar movilización de sus seguidores con una tarea más difícil: convencer a quienes eligieron otras opciones.

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Foto de EFE.

São Paulo permite entender cómo se construye poder más allá de la Presidencia. Tarcísio de Freitas aseguró su reelección con alrededor de 62.8% de los votos en el corte que confirmó su victoria. Sus aliados Guilherme Derrite y André do Prado ganaron las dos plazas senatoriales, derrotando a Marina Silva y Simone Tebet. La coalición retuvo el gobierno estatal y obtuvo representación para influir sobre las decisiones federales. El mecanismo importa, la retirada de Ricardo Salles redujo la dispersión de candidaturas de derecha al Senado.

El resultado sugiere que la coordinación ayudó a convertir respaldo electoral en escaños. Para Tarcísio, esa combinación fortalece su interlocución con Flávio y su autonomía: llegará al siguiente periodo con mandato propio y aliados parlamentarios. Apoyar a un candidato presidencial no significa subordinarse a él.

Minas Gerais muestra otra dinámica, la victoria proyectada de Cleitinho Azevedo fortalece a un dirigente que expresó apoyo a Flávio sin integrar formalmente su alianza estatal. Es una advertencia contra las etiquetas demasiado amplias: la derecha reúne políticos con trayectorias, bases e intereses diferentes. Su expansión electoral puede facilitar una coalición nacional, pero la disciplina de gobierno tendrá que negociarse después.

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En Río de Janeiro, Douglas Ruas encabezaba el escrutinio con 49.30%, frente a 42.73% de Eduardo Paes, con 99.56% contabilizado. La cobertura reportaba una segunda vuelta, mientras la situación jurídica de los votos de Anthony Garotinho exigía cautela sobre la definición. Políticamente, el avance de Ruas abre una oportunidad para vincular la campaña estatal con la presidencial de Flávio; Paes necesitará ampliar apoyos para revertir la desventaja.

El Senado añade una señal de fortalecimiento conservador: Michelle Bolsonaro y Bia Kicis ganaron las plazas del Distrito Federal. Junto con São Paulo, son victorias relevantes, aunque insuficientes para afirmar una mayoría nacional. La renovación de 54 senadores y los 513 diputados obliga a esperar el balance completo. Contar legisladores de derecha tampoco equivale a contar votos garantizados para un presidente.

Ahí se encuentra la diferencia entre ganar y gobernar. Si Flávio triunfa, deberá transformar afinidades ideológicas en acuerdos sobre presupuestos, reformas y prioridades. Si Lula logra reelegirse, los avances territoriales y senatoriales de sus adversarios podrían elevar el costo de esas negociaciones. Los partidos de centro conservarán capacidad de influencia allí donde sus votos resulten necesarios.

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Foto de EFE.

Para México, la consecuencia práctica es ampliar la mirada. La relación con Brasil involucra comercio, inversión y coordinación regional, pero su ejecución depende de actores federales y estatales. Empresas y autoridades mexicanas necesitarán identificar quién decide, quién puede frenar y quién ofrece continuidad a los proyectos.

Durante las próximas tres semanas importarán los respaldos de candidatos eliminados, la participación y las propuestas capaces de reducir rechazo. Los votos no se transfieren por instrucciones partidistas. Brasil todavía debe elegir presidente; esta jornada ya está definiendo a los interlocutores y contrapesos con los que ese presidente tendrá que gobernar.