Las tres, sin embargo, estiman que poco más de la mitad participó en las tumultuarias protestas del 11 de julio de 2021 para exigir alimentos, medicinas y libertad
La turbiedad de la dictadura cubana se refleja en la disparidad de cifras de presos políticos que manejan distintas organizaciones de derechos humanos.
Al cierre de agosto, Prisioners Defenders reportó que la suma da poco menos de mil 400, Human Rights Watch 800 y Amnistía Internacional recuerda que la tiranía no cumplió la promesa de liberar en abril a dos mil diez.
Las tres, sin embargo, estiman que poco más de la mitad participó en las tumultuarias protestas del 11 de julio de 2021 para exigir alimentos, medicinas y libertad.
Aquellas movilizaciones habían sido solo superadas por las de 1980 que culminaron con la huída de 125 mil isleños.
Muchos de los reprimidos eran menores y adolescentes de 13 a 17 años, que padecieron arrestos, interrogatorios y detenciones arbitrarias “preventivas”.
Este sábado (10 de septiembre) se conoció el informe de un grupo interdisciplinario y multinacional de la Universidad de Harvard que confirma la muerte de facto de la revolución cubana. El estudio sostiene que el país no podrá salir de la gravísima crisis económica, social e institucional en que se encuentra desde hace decenios, sin que se produzcan cambios políticos inmediatos.
Lo anterior viene a cuento porque hace cinco años, a dos meses de la brutal represión que ordenó el gobierno castrista, López Obrador lo premió con la deleznable ocurrencia de tener como invitado especial al dictador Miguel Díaz Canel, tanto para encabezar juntos el desfile militar como para que, contra la costumbre y en plena Plaza de la Constitución, fuera el único orador.
Aquella fue la conmemoración más ominosa de la Independencia de México de que haya memoria porque AMLO sabía muy bien que unas cuantas semanas antes el títere de Raúl Castro había azuzado a sus turbas a sofocar a golpes las protestas de centenares de miles de cubanos en La Habana, Santiago, Las Villas y otras ciudades cubanas.
Por la radio y la televisión oficiales, Díaz-Canel había dicho entre otras barbaridades:
“Estamos dispuestos a dar la vida. Tienen que pasar encima de nuestros cadáveres si quieren enfrentar a la revolución. Estamos dispuestos a todo. No vamos a permitir que ningún contrarrevolucionario, mercenario, vendido al imperio estadunidense, vaya a provocar desestabilización”.
Y amenazó:
“Habrá una respuesta revolucionaria. Por eso convocamos a todos los revolucionarios comunistas a que salgan a la calle donde se vayan a producir estas provocaciones y enfrentarlas con decisión. La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios…”.
Por esos años aún subsistían regímenes con los que el obradorato estaba plenamente identificado, encabezados por “hermanos” tan reprobables como los argentinos Kirchner, el boliviano Evo Morales, el peruano Pedro Castillo, el venezolano Nicolás Maduro, el nicaragüense Daniel Ortega y el cubano a quien un día como éste le dio el abominable privilegio de hablar de independencia y libertad…
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