Dicho lo anterior, es evidente que a MORENA le queda un largo camino por recorrer para insitucionalizarse y sobrevivir. Hasta ahora parece más un movimiento bicéfalo y así seguirá hasta que López Obrador deje de estar en este planeta
LIC. ARIADNA MONTIEL REYES,
PRESIDENTA NACIONAL,
MORENA:
Ya son nueve pre-precandidatos a gubernaturas de los 15 a los que MORENA debe designar rumbo a las elecciones de 2027. No todos los procesos fluyeron en cuanto a la aceptación de los derrotados, pero en términos generales y hasta ahora, el panorama no es de una guerra interna que llegue a retrasar más la institucionalización de MORENA que es la verdadera cuestión.
Pero antes permítame compartir con los lectores que nos acompañan una rápida revisión de quiénes son los pre-precandidatos. De los nueve designados, todos menos uno, tienen una militancia larga dentro de la izquierda, primero en el PRD y ahora en MORENA. Ahora bien, la pregunta es quién los respaldaba. Dentro de los pre-precandidatos apoyados por los gobernadores actuales, tenemos a la senadora Julieta Ramírez quien irá por Baja California; la senadora Verónica Díaz, por Zacatecas; el senador Eugenio Segura Vázquez, por Quintana Roo; y Carlos Torres Piña, por Michoacán.
Mención especial merece este último caso. Por segunda vez Raúl Morón pierde su oportunidad de ser candidato por Michoacán; la primera fue hace seis años cuando el INE bajó su candidatura por no reportar gastos de precampaña. En ese entonces, el propio Morón promovió a Alfredo Ramírez Bedolla como candidato, pero algo muy fuerte debió pasar entre ellos para que Ramírez no le devolviera el favor a Morón.
En duda en cuanto a alianzas con los gobernadores salientes nos quedan Pablo Gutiérrez Lazarus, quien buscará gobernar Campeche; Rosa María Bayardo que va por Colima; e Imelda Castro que buscará el triunfo en Sinaloa. Muy complicado debió ser la negociación en Guerrero, donde competirá Beatriz Mojica Morga. En contraste, más sencillo debió ser el caso de Querétaro, donde gobierna el PAN y Santiago Nieto es el pre-precandidato.
A estas alturas, doña Ariadna, muchos se estarán preguntando cuántos de estos aspirantes contaban con el respaldo de Palacio Nacional y cuántos el de Palenque. Esperemos que haya predominado el primer apoyo para efectos de la consolidación del poder de la doctora Sheinbaum, porque vivimos en un sistema presidencialista, en el que ejercicios de fuerza no convienen al país.
Esta es la tercera vez que MORENA se enfrenta ante el reto de elegir candidatos desde que llegó al poder; de cómo finalice el proceso depende buena parte de su institucionalización. Esto es, que trascienda su condición de movimiento de masas con un caudillo al frente para convertirse en un auténtico partido. No es nada fácil, pero sí indispensable.
La institucionalización es la herramienta más poderosa para que un movimiento garantice su autoconservación y su persistencia en el poder. La dificultad estriba en que para recorrer ese trayecto, el movimiento deja de ser un medio para convertirse en un fin y, en el camimo, va consolidando sus estructuras y sus mecanismos para compartir el poder entre sus militantes destacados, poniendo especial atención a que esto último sea factor de unidad.
La experiencia mundial de movimientos que transitaron a partidos institucionalizados indica que poco a poco van dejando atrás los ideales que eran sus pilares, para sustituirlos por causas y objetivos más pragmáticos. Más allá de dejar atrás los slogans como “primero los pobres”, al gobernar para todo un país MORENA debe llegar a una visión más amplia y tener una oferta para todos los sectores.
En los movimientos que buscaron su institucionalización para sobrevivir y conservar el poder, los liderazgos brillantes también se fueron enfrentando a los cuadros profesionales que llegan a dominar al partido, al tiempo que experimentan un distanciamiento de la clase social a la que representan. ¿Será MORENA la excepción?
En este orden de ideas, el sistema de incentivos suele ser el más difícil de conformar; de hecho, estas postulaciones a gubernaturas son la mejor prueba. ¿Qué hacer con los perdedores? La pregunta es si MORENA podrá desarrollar una organización capaz no solo de atraer miembros, sino conservarlos mediante estímulos diversos y que éstos nos sean acaparados por la cúpula que decide quién puede contender o quién puede ocupar un cargo.
Dicho lo anterior, es evidente que a MORENA le queda un largo camino por recorrer para insitucionalizarse y sobrevivir. Hasta ahora parece más un movimiento bicéfalo y así seguirá hasta que López Obrador deje de estar en este planeta.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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