
Un poema del periodista Leonardo Ferrera
México es color:
patria en flor,
valles, lagunas
y manantiales;
montañas y selvas
respirando magia.
Erupción de turquesa,
rosa y estrella,
memoria en llamas,
en hoguera y verbena,
en brisa y granada.
México es aroma:
vainilla y copal
brincando entre brasas
y frutos de fuego,
seduciendo a la canela,
al eucalipto
y a las gardenias.
Tierra de nostalgia:
aliento de chocolate,
café y piloncillo;
epazote
y milagros de mezcal
abrazando el espíritu.
México es fiesta:
la alegría no se apaga;
arde en el viento
como tambor antiguo
en cada corazón.
Ferias, sones,
serenatas y piñatas
colmadas de tejocotes
y mandarinas,
sueños, quimeras,
y alebrijes
desgarrando el cielo.
México es sabor:
herencia del tiempo
que reúne familias
en torno al maíz
y al frijol.
Para besar a los dioses
en taco y concha;
en jamaica y pepita,
en mole y pozole,
en tequila
que chispea risas
y en un relámpago
de calor.
Maderas, piedras
y arcilla
nutren la raíz
y resguardan el alma.
México es hechizo:
de sus entrañas
brota un encanto profundo
que entrelaza los tiempos,
envuelto en danzas,
en rezos y en ritos
que nos atrapan,
nos convocan
y nos inclinan
ante el misterio
de la belleza.
México es esperanza:
cuna bendita
donde la ilusión persiste,
porque en la sangre
y en el aliento
llevamos el don
de volver
la fragilidad luz,
y la tormenta fortaleza.
Así México se alza,
canta su fuego
y abraza el horizonte
con ojos de sol
y esencia de volcán.