
La medicina preventiva no es un lujo; en el México actual, es una de las pocas herramientas reales para evitar que una condición perfectamente tratable se convierta en la quiebra financiera de una familia
No es noticia que año con año se diagnostica a más personas con enfermedades de diversa gravedad. Muchas de ellas no son prevenibles, pero hay otras que sí. Frente a esto, ¿se ha puesto a pensar cuánto cuesta vivir con diabetes o hipertensión en México?
De acuerdo con los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), entre el 18.3% y el 18.4% de la población adulta en México padece diabetes, lo que representa aproximadamente a 14.6 millones de personas. En cuanto a la hipertensión, las cifras no son más tranquilizadoras: entre el 29.1% y el 29.9% de los adultos la sufren, es decir, de 23.5 a 24 millones de personas. Sin embargo, el dato más preocupante es que cerca del 40.5% de los adultos hipertensos desconoce que vive con la enfermedad.

Una buena parte de los pacientes comienza a tratarse únicamente cuando aparecen los síntomas, un patrón sumamente común en personas que llevan meses o incluso años con la enfermedad de forma asintomática, pero sufriendo un daño orgánico progresivo.
El manejo adecuado de estas condiciones metabólicas crónicas requiere consultas periódicas con especialistas como medicina interna, endocrinología o cardiología, además de esquemas farmacológicos que van desde los medicamentos del cuadro básico hasta terapias de última generación. Tan solo en su control cotidiano, una persona que padece diabetes e hipertensión en el sector privado o ante el constante desabasto institucional puede desembolsar fácilmente entre $6,000 y $10,000 pesos mensuales solo en tener un adecuado control, entre citas con médicos privados, estudios de laboratorio y su terapia farmacológica.

En un país donde el salario promedio ronda los $15,000 pesos, esta realidad plantea un dilema devastador: el acceso al tratamiento ya no depende de la disposición del paciente ni de la indicación médica ideal, sino de la capacidad económica.
Para la gran mayoría, acceder a fármacos de patente o terapias innovadoras es simplemente imposible, limitándose a esquemas antiguos que, si bien son accesibles, no siempre representan la mejor alternativa terapéutica disponible.
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El verdadero costo de la diabetes y la hipertensión no se reduce al importe de la receta mensual, sino al precio catastrófico que se paga cuando se llega tarde. La medicina preventiva no es un lujo; en el México actual, es una de las pocas herramientas reales para evitar que una condición perfectamente tratable se convierta en la quiebra financiera de una familia.
Dr. Maximiliano Téllez-Girón