
Kaspersky advierte que reenviar información sin comprobar su origen puede convertir a cualquier usuario en un amplificador involuntario de la desinformación
Frases cotidianas como “no sé si sea cierto, pero lo envío”, “me lo mandó un conocido” o “por si acaso” son hoy en día combustible suficiente para mantener viva la desinformación en las plataformas digitales.
En el marco del Día contra las Fake News, la empresa de ciberseguridad Kaspersky advirtió que la propagación de noticias falsas ya no recae únicamente en quienes las generan, sino también en los usuarios que las reenvían sin verificar su procedencia.
De acuerdo con la compañía, la confianza interpersonal juega un rol determinante en este fenómeno. Cuando un mensaje proviene de un familiar, amigo o compañero de trabajo, las personas tienden a bajar la guardia y asumir que la información ya fue comprobada. Sin embargo, este exceso de confianza otorga una falsa apariencia de legitimidad y credibilidad a contenidos cuyo origen se desconoce.
Brecha entre el conocimiento y la práctica
El estudio Lenguaje Digital de Kaspersky reveló que en México existe un notable contraste entre saber qué es una noticia falsa y tener la capacidad de identificarla:
67% de los encuestados afirma saber qué es una fake news.
57% considera que sabría reconocer una en la práctica.
35% admite que podría identificarla solo “más o menos”.
8% reconoce abiertamente que no sabría detectar información falsa.
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El impacto de este problema se intensifica por los canales donde circula. Un 80% de las personas que conocen las fake news señaló haber estado expuesto a ellas a través de redes sociales en el último año, mientras que un 41% las recibió mediante grupos en aplicaciones de mensajería instantánea, donde el contenido pasa de un usuario a otro en cuestión de segundos.
Manipulación emocional y contexto desvirtuado
Kaspersky destaca que la desinformación suele valerse de formatos descontextualizados —como capturas de pantalla editadas, fotos antiguas o videos sacados de contexto— y de apelar a emociones intensas como el miedo, la indignación o la urgencia. Llamados a la acción como “compártelo antes de que lo borren” o “avísales a todos” buscan provocar una respuesta impulsiva antes de que la persona se detenga a contrastar los datos.
La facilidad con la que hoy compartimos información hace que el desafío de las fake news no termine en saber reconocerlas. Una persona puede tener dudas sobre un contenido y aun así reenviarlo porque le preocupa, le sorprende o porque proviene de alguien en quien confía. Cada vez que esto ocurre, la información gana alcance y puede adquirir una apariencia de legitimidad frente al siguiente receptor, dijo María Isabel Manjarrez, analista Senior de Seguridad del Equipo Global de Investigación y Análisis para América Latina en Kaspersky.
“Desde la ciberseguridad, el riesgo aumenta cuando esa confianza se utiliza para llevar al usuario a hacer clic en un enlace, descargar un archivo, entregar credenciales o realizar un pago. Por eso, verificar antes de compartir no solo ayuda a frenar la desinformación, sino también a reducir la posibilidad de que un contenido falso termine convirtiéndose en la puerta de entrada a un fraude digital o al robo de información”, aseguró.
Riesgos que van más allá de la desinformación
Las consecuencias de no verificar la información trascienden el simple malentendido. La viralización de noticias falsas puede dañar la reputación de personas e instituciones, generar pánico colectivo y manipular la toma de decisiones.
Además, la desinformación se ha convertido en un vehículo frecuente para el ciberdelito: muchos de estos mensajes incluyen enlaces a páginas fraudulentas, descargas de archivos maliciosos o formularios destinados al robo de contraseñas y datos bancarios.