La aprobación del manejo de la guerra en Irán es respaldada por apenas un 21% del presidente, igual que en el manejo de la economía, la inmigración con brutales redadas, el asesinato de ciudadanos estadounidenses
El presidente Donald Trump se embarcó en una agotadora gira nacional, en vísperas de la histórica elección de medio término, determinante para la consolidación de su autocrático Proyecto 2025 o el final de su mandato, con eventuales procesos criminales acumulados en su contra.
Bajo un manto de misterio, luego que el diario Washington Post reveló que, al salir de la reunión de la OTAN en Ankara, el 8 de julio, la preocupación por un posible atentado iraní —que tiene frontera con Turquía—, el presidente Trump —quien ordenó bombardear esa noche objetivos de Irán— abordó en secreto un avión C-32A de la Fuerza Aérea, mientras la Casa Blanca informó que estaba a bordo del Air Force One.
De acuerdo al reporte, el presidente abordó el AF-1, del que descendió en secreto para ser llevado en un camión de catering a otro aeropuerto cercano, en el que habría abordado un avión C-32A de la Fuerza Aérea que lo sacó de Turquía, de lo que no se ha informado nada a la prensa a un mes de ocurrido.
En un comentario al Washington Post, Steven Cheung, director de Comunicaciones de la Casa Blanca, dijo que “hay muchos enemigos de Estados Unidos que tratan de conocer la ubicación del presidente, por lo que usan todas las herramientas posibles para neutralizar amenazas contra su seguridad”.
Con esa experiencia y claros síntomas de problemas en la pierna izquierda, el octogenario y más anciano presidente en la historia de Estados Unidos inició una gira con el propósito de lograr que los electores se nieguen —como él— a aceptar la amarga realidad de una aguda crisis económica, inflación sin control, mayor desempleo, salarios insuficientes ante la galopante carestía, que les despoja de poder adquisitivo a consecuencia de la guerra con Irán, que ingenuamente pensó tomaría “no más de 2 o 3 semanas”.
Conflicto que entró ya en su sexto mes, prolongándose, con un alto costo en vidas humanas de iraníes, libaneses, palestinos, al menos 18 soldados estadounidenses, que muchos creen es superior.
Guerra en la que Irán exige el cumplimiento del compromiso firmado por el presidente Trump, que incluye el pago de compensaciones, que Trump ahora también argumenta, en una total y absoluta incomprensión del mandatario, quien hace años la planteó como medida “para robar petróleo a Irán”, de la forma en que se hace con Venezuela, país con las más grandes reservas de hidrocarburos en el mundo.

Incomprensión a la que se suma la falta de asesores expertos en planeación y evaluación estratégica, ausente en el Pentágono desde que se dio de baja a reconocidos generales con experiencia de otros conflictos.
Sin conocimiento, impaciente y arrogante, el presidente Trump implementa una política errática, que no parece ser la más indicada para solucionar el conflicto.
Impulsivo, va de un extremo a otro: adulando al liderazgo de Irán, para insultarlo horas después. Lanza intensos bombardeos —su única estrategia— para luego decretar tregua “porque Irán le implora negociar”, lo que el gobierno islámico ha desmentido.
Mientras esperan que las tropas “aporten ideas sobre cómo combatir a Irán”, la administración cesó el fuego, ahora más consciente del peligroso agotamiento del Arsenal Estratégico de Misiles, tras el lanzamiento de más de 4510 misiles en Irán, a los que se suman los enviados a Israel para su protección y a Ucrania para contrarrestar ataques rusos, lo que ahora coloca a esta superpotencia en una posición más vulnerable ante un eventual ataque o invasión rusa a algún país de la OTAN o posible invasión de China a Taiwán.
La guerra innecesaria contra Irán, en la que está atrapado, instigada por el genocida israelí Benjamín Netanyahu, no solo frenó el crecimiento económico proyectado para numerosas naciones, sino que genera gastos ahora superiores a 170 mil millones de dólares, sin contar la pérdida de más de 42 avanzados aviones:
1 F-35A Lightning II
4 F-15E
7 KC-135 Stratotankers, de abastecimiento aéreo
2 aviones E-3 Sentry, radar de reconocimiento aéreo
1 A-10 Thunderbolt II
1 HH-60W Jolly Green II, helicóptero de búsqueda y rescate
24 drones MQ-9 Reapers
1 drone MQ-4C

Adicionalmente, Estados Unidos perdió 3 de los más sofisticados y caros radares con que contaba para su escudo espacial contra misiles de largo alcance, ICBM.
1 AN/FPS-132 (Bloque 5), sistema de radar para la detección temprana de misiles balísticos de largo alcance, prácticamente desde que son lanzados, en un radio de 5 mil kilómetros; era uno de solo seis que había en todo el mundo, este basado en Catar, con valor de mil cien millones de dólares.
4 THAAD AN/TPY-2 (Terminal High Altitude Area Defense) o Terminal de Detección y Defensa de Gran Altitud, que es parte del sistema de defensa antimisiles de Estados Unidos, que intercepta y destruye misiles de corto y mediano alcance.
Con su desgastado estilo peculiar y frases recicladas, Trump pide a sus cada vez menos seguidores incondicionales creer su “realidad alterna”, ignorando a expertos, legisladores y medios de comunicación, asegurando que esta superpotencia “tiene la mejor economía jamás imaginada”, con inversiones ficticias de “30 billones de dólares”, imperceptibles; “fronteras seguras, sin crímenes”, deportando con brutales redadas a decenas de miles de inmigrantes que han sido pilar de la economía, y una nación “admirada y respetada en todo el mundo”, lo que, dice, “lo coloca a la cabeza de todas las encuestas”.
Fantasías que chocan con la realidad de una economía en problemas, que han generado animadversión “solo de los republicanos”, dice Trump, mientras asegura que él disfruta de un creciente apoyo popular de quienes le consideran “uno de los mejores presidentes que ha tenido Estados Unidos”.

En un mercado laboral débil, inflación de 3.5% que, a casi 2 años, sigue atribuyendo a Joe Biden, quien la dejó en 2.4%, el impacto de sus tarifas ilegales, que destruyó fondos de ahorro para el retiro, el costo de la gasolina hasta en 5 dólares por galón, la popularidad del presidente se ha desplomado a niveles históricos, según las últimas encuestas de Ipsos/Washington Post, que revelan cómo la mayoría de votantes prefiere dar a los demócratas el control del Congreso, particularmente con la sangre joven que reemplaza a viejos políticos que comenzaron con el expresidente Bill Clinton.
La aprobación del manejo de la guerra en Irán es respaldada por apenas un 21% del presidente, igual que en el manejo de la economía, la inmigración con brutales redadas, el asesinato de ciudadanos estadounidenses, la conmutación de penas de los vándalos que asaltaron el Capitolio y su intención de “indemnizarlos” con mil 800 millones de dólares —en lo que insiste— y el ocultamiento de millones de documentos más de los archivos de Jeffrey Epstein, su amigo por décadas… que, sabe, contienen información perjudicial para él.

Ante lo que ocurre, el argumento de “impedir que Irán produzca armas nucleares”, la eliminación de “impuestos a las propinas y al tiempo extra” que suenan a ofensa y el “seguro de ahorro para los niños” son argumentos insuficientes para ganar una elección de medio término que generalmente pierden legisladores del partido en el poder.
