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Con el matiz que cada quien aporte, el actual régimen mexicano se rige por el sistema populista. Y no existe populismo sin leyes de control de medios: la 4T, por ejemplo, busca crear una Comisión Reguladora que castigue y multe a los medios.

La expresidenta de Morena Luisa Alcalde (hoy jurídica del gobierno) anunció una consulta pública hasta el próximo 21 de agosto, acerca de los nuevos derechos de las audiencias en la Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión.

Es una consulta relámpago, hecha sobre las rodillas, aunque frena la libertad de expresión, algo inherente a la democracia, la misma democracia a la que, el lunes, Sheinbaum dijo respetar “en todos sus términos”.

En otros populismos de la región, a esta ley que plantea Alcalde le llamaron democratización de los medios: comenzó con Chávez en Venezuela, y siguió con Ortega en Nicaragua; Correa en Ecuador; Evo Morales, en Bolivia; los Kirchner en Argentina.

Durante los mandatos de Chávez y Maduro, Ortega, Correa, Morales y los Kirchner, la democratización de los medios acabó en cierre y quiebra de la prensa libre (Venezuela y Nicaragua) y estuvo a punto de ocurrir lo mismo en Ecuador, Bolivia y Argentina.

El contencioso de Chávez contra los medios arrancó en 2003, cuando en un discurso enrolló un ejemplar del periódico El Nacional, y amenazó con metérselo por el ano a su director, el periodista Enrique H. Silva, hoy exiliado en España.

En 2018, Maduro desmanteló finalmente a El Nacional, que fue único periódico independiente que sobrevivió 19 años al populismo en Venezuela: lo cerró porque retomó un reportaje del diario español ABC, que le disgustó al ex dictador, hoy preso en NY.

La “Ley de democratización de los medios” llevó a Chávez en 2009 a cerrar 32 emisoras de radio y TV. Ante las protestas, Chávez dijo: “Hoy chillan porque estamos democratizando los medios y asegurando la libertad de expresión”.

Y, aquí, el entonces presidente López Obrador, comparó con perros a los medios (el 3 de julio y el 31 de octubre de 2019) al decir que “le muerden la mano a quien les quitó el bozal, y miren que le tengo hasta respeto a los perros”.

Durante su campaña de 2018, López Obrador menciono la “democratización de los medios”, en reunión con jóvenes del proyecto Kybernus, aunque aclaró que “no afectaremos a los concesionarios y vamos a respetar la crítica”.

Ocho años después, es propio de honestidad preguntar: ¿Si la 4T es aceptada por la mayor parte de la ciudadanía, y la popularidad de la presidenta supera el 70%, para qué el gobierno quiere una Comisión Reguladora que castigue y multe a los medios críticos?

Parece que realmente no son tan queridos.