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Fueron detenidas cinco personas por su posible relación con el traslado ilegal de personas y de hidrocarburos hacia Estados Unidos

La 4T consideró ayer “autodeterminación de los pueblos”, la decisión del tirano Daniel Ortega de cancelar las elecciones, tras 25 años en el poder. Eso sí: la presidenta dijo que ella está de acuerdo con la democracia “en todos sus términos”.

Pero la autodeterminación de los nicaragüenses es difícil de conocer: Ortega modificó la Constitución para eliminar el límite de mandatos y, en la farsa de elección más reciente, compitió solo, porque encarceló a los siete candidatos opositores.

Como estaba antes (elección vitalicia, pantomima electoral, candidatos encarcelados…), Nicaragua era un régimen autoritario: ahora es, oficialmente, una tiranía criminal, similar a Cuba, y Cuba es, por cierto, la aliada ideológica más importante de México.

Es importante revisar los pasos previos del régimen autoritario del clan Ortega hasta convertirse en una tiranía criminal como lo es Cuba: un registro que empezó con la toma del poder por la vía democrática, y acabó con la eliminación de la vía democrática.

Tras ganar los comicios de diciembre de 2006, cuando Ortega obtuvo el 37.9 por ciento de los votos frente a una oposición fragmentada y peleada entre sí, el déspota creó una mayoría artificial en el Congreso, para reformar la Constitución poco a poco.

Después, Ortega pactó con los cárteles del narcotráfico y, en lugar de dedicar al Ejército a perseguir a los criminales, lo coinvirtió en un emporio económico sin fiscalización alguna, con inversiones y empresas propias, en construcción e infraestructura.

El holding militar se llama Instituto de Previsión Social Militar de Nicaragua (IPSM) y maneja 150 millones de dólares anuales, según una auditoría de la firma internacional Deloitte & Touche, gracias al control de los contratos estatales y todo tipo de mercados.

Ortega borró los órganos autónomos, para anular las  auditorías y denuncias por corrupción o abusos del gobierno, como los centros de Derechos Humanos y Estudios para la Gobernabilidad y Democracia y la Red Nicaragüense de Democracia y Desarrollo Local.

El sátrapa tomó el control total de la Corte Suprema de Justicia y de los tribunales, mediante la purga masivas de magistrados y jueces, para nombrar operadores suyos: el Poder Judicial se convirtió en una fábrica de condenas políticas.

Ortega se apoderó del Consejo Supremo Electoral (CSE), al elegir a consejeros electorales totalmente afines al régimen, para ejecutar fraudes y asegurar reelecciones continuas: ¿Resultado? Un modelo de partido único de facto, como en Cuba.

Para ganar el voto electoral, Ortega creó programas sociales opacos manejados por el gobierno, transformando los recursos del Estado en dádivas del partido Frente Sandinista, con proyectos como Usura Cero, para créditos, y Plan Techo, para láminas de zinc.

A esta hoja de ruta es a lo que llama Sheinbaum “autodeterminación de los pueblos”.

Bueeeno.