Por censurable que sea, el engaño termina siendo un demoledor certificado de la credibilidad que México ha perdido ante su principal socio…
Al exhibirlo como trofeo con insolente desvergüenza, se reconfirma que el Buró Federal de Investigaciones armó el secuestro de Ismael, El Mayo Zambada, como reveló en su podscat Pie de nota Luis Chaparro.
La aeronave utilizada, bien se sabe, voló de Culiacán, cruzó la frontera y aterrizó en Santa Teresa, Nuevo México, donde la esperaban agentes federales estadunidenses.
El Ken Salazar de entonces por supuesto mintió al decir que no había intervenido su gobierno (a la sazón de Biden): “No fue nuestro avión, ni nuestro piloto ni nuestra gente”, dijo. Se trató de una operación “entre carteles”, afirmó.
El embuste hace agua no solo porque Washington mienta sobre sus operaciones encubiertas, sino porque pretendió vender como espontánea una maniobra imposible de realización sin acuerdos previos, vigilancia, coordinación, logística y demás.
Que únicamente Joaquín Guzmán López diseñó, armó y ejecutó semejante operación es impensable, y más tonto creer que el FBI actuó hasta que el aparato pisó tierra (hubo imágenes de los agentes al momento de asegurar al chapito y al capo).
Salazar mintió y la mentira fue la de su gobierno, pero el problema no se agota en tal patraña: también indigna la pasmosa inutilidad de las autoridades mexicanas para explicar lo que ocurrió en su propio territorio.
¿Quién permitió que el avión estuviera en un aeródromo de Culiacán? ¿Quién autorizó sus movimientos? ¿Qué funcionario militar, civil o de inteligencia se enteró? ¿Cómo pudo despegar de Sinaloa sin que la Fiscalía General de la República pudiera reconstruir las omisiones y complicidades?
Ni la FGR de entonces ni la actual han sido capaces de averiguarlo. Se ignora lo sucedido con El Mayo y no se han resuelto los tres homicidios cometidos en la madriguera del traidor ni judicializado el montaje de la narcofiscalía de Rubén Rocha Moya sobre el asesinato de su rival Héctor Melesio Cuén.
A la par de la justa indignación ante la indiscutible injerencia gringa, ¿acaso debiera pedírsele al FBI hacer el trabajo de las autoridades mexicanas?
Pero a propósito de mentiras contumaces, ¿qué tal aquella tan reiterada de López Obrador negando que en México se produjera fentanilo, pese a que su Ejército daba cuenta de las incautaciones en narcolaboratorios?
Sí: ominosa y aviesa la injerencia policiaca estadunidense, pero México no es víctima virginal de una mentira ajena porque también mintió, y no por boca de un embajador sino del presidente.
Lo peor no es que Washington mintiera. No sería la primera vez para proteger una operación de inteligencia, sino lo que su mentira delata: que no podía confiar en las autoridades mexicanas.
Si el FBI decidió operar con tal nivel de sigilo fue porque asumió que cualquier filtración podía echar abajo la misión.
Esa desconfianza se incubó en el primer piso de la 4t y persiste en el segundo.
Por censurable que sea, el engaño termina siendo un demoledor certificado de la credibilidad que México ha perdido ante su principal socio…
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@CarlosMarin_soy
