Minuto a Minuto

Nacional Vinculan a proceso a Salvador N., miembro del CJNG detenido tras enfrentamiento
Salvador G. M. es señalado de portación de arma de fuego de uso exclusivo de las fuerzas armadas
Nacional Sonora, sexto lugar en carpetas de investigación por narcomenudeo
Sonora se ubica por debajo de San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Baja California y Nuevo León en materia de narcomenudeo
Nacional Levantan paro en la Escuela Superior de Economía del IPN
Tras dos meses en paro, alumnos de la Escuela Superior de Economía del IPN votaron a favor de retomar las clases
Internacional EE.UU. advierte acciones contra Nicaragua por eliminar las elecciones
Maro Rubio advirtió que la administración Trump no se quedará de brazos cruzados ante la decisión de Ortega de eliminar las elecciones en Nicaragua
Deportes Isaac del Toro sigue dentro del liderato del Tour de Francia
Así le fue al mexicano Isaac del Toro en la única etapa individual del Tour de Francia

Parece intencional.

Como si quisiera mostrarse, siempre, alejada.

Sola.

Sobre todo, sola.

El tercer juego de México, en la CDMX, después de dos triunfos, cuando ya estaba asegurado su pase a la siguiente etapa del Mundial, fue excepcional.  Con la carga emotiva de Guillermo Ochoa en la portería, que emocionaba y hacía temer que la aparición final de su carrera fuese acompañada de un gol en su contra.

Los ríos de gente, pese a la lluvia, a las inundaciones, a la absurda Ley Seca que no fue efectiva en los lugares que puede permitirse la clase media, los privilegiados, fueron un espectáculo único.  La gente.  Ese “pueblo bueno” estaba realmente feliz.

Y la señora Presidenta se lo perdió.

La fotografía en el despacho presidencial, otra vez de espaldas, aunque con el agregado de abrazar a su marido, muestra a la primera mandataria sola.  Cuando millones de mexicanos buscaron dónde ver el partido, con quiénes ver el partido, con quiénes festejar el triunfo.

En los hechos no hubiese habido un costo alto si se perdía, sucedió, al contrario, anotamos tres goles excepcionales.

Y se perdió la oportunidad de compartir esa inmensa alegría colectiva.  Es decir, la perdió la Presidenta.

¿Por qué no invitar a su familia, por qué no poner una televisión en una sala de juntas, un lugar menos formal que el despacho presidencial, por qué no invitar a Palacio Nacional a cien, doscientos jóvenes para acompañarla?  O, todavía mejor, por qué no salir al Zócalo con todo y la lluvia.  Había muchas opciones.

Igual para publicitar el festejo de su cumpleaños. Tan tapados los dos, como si no hubiese calefacción en su departamento de Palacio Nacional.  Todo tan preparado, sobre una vajilla de Talavera, pero con un chile verde junto al plato de pozole, que, por cierto, no lleva queso.

No tiene nada en particular que sea su platillo favorito.  Pero hay una confusión tremenda en lo que se pretende y se logra comunicar.  Los integrantes de ese “pueblo bueno” aspiran a celebrar con algo más que un plato de pozole, y no pueden tener esa vajilla, ese mantel.  La gente equis, normal pues, quiere compartir la mesa el día de su cumpleaños con su familia. ¿Qué sucede con sus hijos?  ¿Por qué no la felicitan?  Igual su madre.

Lo que logró comunicarse es una gran soledad.  Sea una soledad intencional o un aislamiento consecuencia de ser Presidenta, da igual.  Y la mujer que se advierte, se comunica, de esta forma también se advierte vulnerable. Como si no la quisiera ni su familia, como si no tuviese amigos, o colaboradores cercanos.

Los baños de pueblo hacen tanto bien como la cercanía con otros seres humanos.

La señora Presidenta se perdió compartir la inmensa alegría de los triunfos en la cancha de futbol, y también de mostrarse querida, arropada, acompañada por los suyos.  Con lo que nos quedamos es con una imagen muy desolada y desoladora.