Seguramente la presidenta, y su gente, saben lo que están haciendo. Ojalá
El domingo, acusó a sectores de EU de usar al narco en México para no perder las próximas elecciones, que quiere ganar Trump. El lunes descartó que Trump dirija esa estrategia. “Es la ultraderecha”, dijo. Pero Trump es la ultraderecha.
La presidenta rebasó toda mesura al dudar que Trump sea quien gobierne realmente en EU: un tiro en un pie, porque aquí algunos dicen que ella no es quien gobierna realmente en México, sino el presidente anterior.
El tiro en el otro pie se lo dio al pedir revisar la victoria en primera vuelta del candidato de derecha en Colombia, Abelardo de la Espriella, quien registró 43.74 % de los votos, y el aliado ideológico de la 4T, Iván Cepeda 40.9 %.
“La guerrilla del M-19 ha dado dos presidentes en América Latina: yo y Sheinbaum”, dijo el presidente de Colombia, Gustavo Petro. Flaco favor se hace Sheinbaum, al apoyar ahora a Cepeda, un activista muy cercano a las guerrillas terroristas FARC y ELN.
Horas antes, Sheinbaum había denunciado, ante sus seguidores, una campaña de injerencia por parte de EU, que busca intervenir en la política mexicana y desacreditar su gobierno, con pretextos como el narco y combate a la delincuencia.
Entonces, ¿Sheinbaum está en contra de la intervención de los gobiernos en asuntos internos de otros gobiernos, o está a favor de la intervención de los gobiernos en asuntos internos de otros gobiernos? Su política exterior es un galimatías.
Sí, porque el discurso de la presidenta es cada vez tan tortuoso, confuso y desordenado, que resulta casi incomprensible. Y su palabra hablada lo que describe es, sin género de dudas, un gran lío, enredo o confusión de ideas en el régimen mexicano.
Ayer, poco después de denunciar Sheinbaum una campaña de EU en contra de México usando al narco, fue la audiencia del exmilitar mexicano Gerardo Mérida, de quien dice Sheinbaum que su gobierno no le encontró pruebas que lo vinculen al narco.
Pero la jueza Katherine Polk reveló que la evidencia contra el ex secretario de Seguridad de Sinaloa y de otros nueve ciudadanos mexicanos “es abundante”, y le explicó a Mérida “evaluar sus opciones”: que de pruebas contra los defendidos por Sheinbaum.
Recordemos que la presidenta tampoco acabó bien el mes de abril en las relaciones internacionales: se ausentó de la cumbre antidrogas de Trump, en Miami, pero asistió a la cumbre de cuatro países adversarios de Trump, en Barcelona.
Pero seguramente la presidenta, y su gente, saben lo que están haciendo.
Ojalá.
