¿Qué sentido tiene apurarse a decir cifras, a presumir logros, si no se pueden aterrizar, si no es posible hacerlos reales, tangibles?
Es de suponerse que las 54 mil 300 detenciones, en lo que llevamos del sexenio, que presumió Omar García Harfuch esta semana corresponden a delitos federales. No se puede imaginar que persiga, y detenga, a ladrones de bicicletas. Por lo tanto, se abre una gran interrogante: ¿Qué ha sucedido con estos supuestos criminales después de haber sido arrestados?
Porque a las cárceles federales no los ha metido. Imposible si tenemos 14 centros penitenciarios federales, con capacidad para 28 200 internos.
Ni, aunque hubiesen estado vacíos podrían haber entrado ahí la cifra de detenidos que dio a conocer en cadena nacional.
Son muchos para perderse.
La sobrepoblación en las cárceles estatales, para delitos del fuero común, era ya muy preocupante antes de la llegada de Harfuch. Teníamos 107 internos, en promedio, en lugares para 100. Aunque en algunos sitios hablaríamos incluso de un 30 por ciento de hacinamiento, condiciones muy malas.
La gran mayoría de ciudadanos que están detenidos en cárceles mexicanas, lo están por delitos del fuero común, el equivalente al 88 por ciento del total. Según cifras oficiales
Esta muy bien que se hayan logrado detener a 54 300 presuntos criminales, si esto realmente sucedió, si no se trata de una cifra equis, que algún colaborador interesado le pasó a Harfuch, y éste no tuvo el cuidado de sumar y restar. Porque también habría que preguntarnos cuántos elementos de seguridad, policías federales u otras autoridades, se necesitan para estas detenciones. A lo largo de cuántos días, semanas, incluso horas.
Porque tuvo que haber existido una investigación previa.
¿Qué sentido tiene apurarse a decir cifras, a presumir logros, si no se pueden aterrizar, si no es posible hacerlos reales, tangibles?
La confiabilidad entre sociedad y gobierno se construye con mucho esfuerzo, y para poder creer a las autoridades, es decir al gobierno, es indispensable que sus “verdades” puedan ser comprobadas.
Por eso, con urgencia, Harfuch debe encontrar esas 54 300 personas que ha detenido y darnos una explicación sobre su paradero. De otra manera habría que aceptar que nos están tomando el pelo, de la peor manera.
