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No basta con advertir la tormenta en el horizonte. Lo natural sería que el país cerrara filas en torno a la jefatura del Estado y que, más allá de las diferencias, prevaleciera un sentido de responsabilidad para proteger aquello que nos es común. Entiendo que para el gobierno las advertencias sobre la gravedad del momento puedan parecer exageradas o interesadas. No lo son. Precisamente la tendencia a minimizar o descalificar esas señales forma parte del problema: una negación sistemática frente a indicios inequívocos de la delicada situación que enfrenta el país.

El problema mayor no es, en sí mismo, el intervencionismo del gobierno norteamericano. Éste encuentra espacio por la debilidad interna del país, resultado de la impunidad y del deterioro institucional. La situación es más grave porque las instancias fundamentales de la justicia penal, la Fiscalía General de la República y el Poder Judicial Federal han dejado de operar como entidades autónomas sujetas a principios técnico-jurídicos. Hoy todo depende de la Presidencia de la República, y justamente eso la vuelve más vulnerable.

Nuestra condición de observadores de lo que ocurre no debe conducirnos a la complacencia ni a la pasividad, incluso frente a la embestida descalificadora. Nunca será tarde para que la Presidenta asuma plenamente la responsabilidad que implica su investidura. Nuestro régimen hace de la Presidencia la institución fundamental para la defensa del interés nacional y de la República. Tengo la convicción de que ese eventual cambio sería respaldado incluso por quienes mantienen una postura crítica frente al régimen.

En la actual circunstancia, los medios de comunicación tienen una responsabilidad mayor: informar con imparcialidad, veracidad y precisión; distinguir siempre el dato de su interpretación, el hecho de la opinión. También abrir espacio a la deliberación pública sobre las decisiones del gobierno y las particularidades de lo que hoy se vive.

El mundo como lo conocíamos ha dejado de existir. Nuestras referencias pertenecen ya al pasado. Es preciso y urgente ubicarnos en la realidad del país y del mundo. Más temprano que tarde se impondrá la necesidad de que la sociedad y gobierno actúen con sentido de responsabilidad.