Sáciate
con las caricias
de la espuma
marina,
y los abrazos
azulados
de sus opulentas
nubes.
Si el océano
se eleva,
el cielo
se hace río,
y si la nube cae,
el mar florece.
Alíviate
con los latidos
de la fecunda
tierra
y los versos
que emanan
de sus fragantes
flores.
Corazón de jardín,
piel de llano,
un solo pulso
une el tallo
con la roca.
Quédate con la
mirada ardiente
del fuego,
y el encanto
que desnuda
sus encendidas
brasas.
No es la llama la
que se apaga,
sino el rescoldo
que aviva
el momento.
Llénate
con los besos
robados
del aire,
con los mimos
de miel y polen,
colmando
esperanza.
Un roce
casi invisible,
un soplo que siembra
en el alma su destino.
Cúrate de eternidad
con el Creador
y sus apapachos
de amor,
vida,
sabiduría,
luz.
Un lazo de cristal
que jamás hiere,
una llama
en el alma
abrigada.
Leonardo Ferrera
