Minimizar los percances y comunicar vaguedades es una receta segura para que las crisis persistan y para que las versiones oficiales sean desacreditadas. Los mexicanos no somos retrasados mentales
LIC. JESÚS RAMÍREZ CUEVAS,
COORDINADOR DE ASESORES,
PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA:
+ Crisis: un momento caótico en un
sistema, de cuyo desenlace depende
la sobrevivencia del mismo.
Cualquier gobierno, por eficiente que sea y sin importar su ideología, debe estar preparado para enfrentar una crisis; la pregunta no es si va a ocurrir o no, sino cuándo y con qué magnitud. La crisis puede ser política, medioambiental, social, económica o de cualquier ámbito que esté bajo la égida gubernamental. Y me temo que en la 4T no las manejan con la consistencia debida, ni le dan a la comunicación el papel debido, ni toman en cuenta la velocidad con la que hoy corren la información y la desinformación.
Lo menciono por los sucesos ocurridos recientemente en la refinería Dos Bocas, el Tren Maya, el derrame de petróleo y el descarrilamiento del Tren Interoceánico; en los tres casos la arena de discusión empieza en lo técnico, pero inevitablemente se traslada a la arena política por haber sido obras emblemáticas del sexenio pasado, hechas a toda prisa, en absoluta opacidad y a costos estratosféricos.
Empecemos por al más antiguo: el descarrilamiento del Tren Interoceánico (TI). Como que no cuadra que hayan condenado a dos de los operadores por haber conducido al TI a exceso de velocidad y que se haya negado cualquier defecto en el trazo, rieles y balastos, al tiempo que se han suspendido las corridas para pasajeros hasta no contar con una certificación. Mira, Jesús, celebro que estén a la espera de una opinión experta externa, pero ello deja en duda que los operadores sean los únicos responsables del descarrilamiento.
El segundo caso es Dos Bocas, nuevamente. En dos años de operación ha sufrido cinco percances, provocando la muerte de ocho personas. Refinerías con medio siglo o hasta más de un siglo tienen menos accidentes, aun cuando no deja de llamar la atención que sus últimos eventos todos ocurrieron en el sexenio pasado (Reforma, 12/4/2026).
Respecto del último percance sucedido el jueves pasado no se tiene la causa y simplemente se señala a “la temperatura que sale el coque de la coquizadora”. Los expertos hablan de algo más complejo o peor aún, que se estén violando las normas de almacenamiento de coque y/o que haya un exceso de producción de este petrolífero sin que pueda ser convertido.
Por si algo faltara, Jesús, no hay datos públicos del manejo de la refinería, pues PEMEX los clasificó como confidenciales, bajo el pretexto de que las bitácoras contienen “datos sensibles y estratégicos de naturaleza financiera y operativa”. Pues para el caso, todas las refinerías estarían en la misma condición y sus bitácoras no están clasificadas.
Valdría la pena que verificaras si PEMEX cumplimentó la observación hecha en 2019 por Auditoría Superior de la Federación relativa a la omisión de anexar los planos de construcción de los sistemas de aislamiento necesarios para mitigar los riesgos de incendio, explosión, toxicidad y derrames.
De todo este margallate, fue la presidenta la que dio explicaciones cuando debió ser Víctor Rodríguez, director de PEMEX, quien asumiera el problema; en cambio, se limitó a emitir un boletín informando que no hubo lesionados.
Algo similar ocurrió con el derrame de petróleo en el Golfo de México; es hora de que no sabemos si fue un barco fantasma, una chapopotera, huachicol en altamar o problemas con un ducto lo que ocasionó el percance. Y más notoria fue la lentitud de la toma de decisiones para contener el derrame, elemento importantísimo para que la crisis medioambiental no escalara.
El Tren Maya está en una fase de precrisis, pero no tarda en estallar y muy probablemente con consecuencias más que catastróficas. Ya ha tenido problemas de operación y descarrilamientos llamémosles menores, pero hay una muy seria amenaza: los constructores, bajo el mando de SEDENA, están reforzando los pilotes del tramo 5.
Desde su construcción, grupos ambientalistas como Sélvame del Tren advirtieron que lo suelos, por ser kársticos, eran inestables y que aun cuando los pilotes se colocaran a 25 metros de profundidad, debajo de ese suelo muy probablemente podrían existir oquedades. En el tramo 5 y 6 estamos hablando de nueve mil pilotes…
Si ahora que el Tren Maya tiene tan pocas corridas y cuando las tiene es con muy pocos pasajeros, uno se pregunta qué va a pasar cuando el ferrocarril lleve carga. Porque todo indica que va muy en serio tratar de que con el transporte de carga el Tren Maya deje de estar subsidiado. De hecho, ya se está desforestando un área de 259 hectáreas para edificar la terminal de carga; por cierto, las afectaciones a las especies animales y vegetales, bien gracias.
Minimizar los percances y comunicar vaguedades es una receta segura para que las crisis persistan y para que las versiones oficiales sean desacreditadas. Los mexicanos no somos retrasados mentales.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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