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El comercio de especies aumenta la transmisión de patógenos y el riesgo de pandemias
En la imagen de archivo, una mujer vende carne en un mercado de un área residencial de Wuhan, China. EFE/EPA/ROMAN PILIPEY

El comercio -legal o ilegal- de especies salvajes y de sus derivados aumenta significativamente la transmisión de patógenos entre animales y humanos, lo que puede desencadenar brotes epidémicos y pandemias, por lo que sería necesario implementar medidas de ‘biovigilancia’ más estrictas para reducir el contacto con animales portadores de virus o parásitos.

Un estudio realizado en el Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad de Lausana, en Suiza, ha cuantificado el impacto del comercio de fauna silvestre en el intercambio de gérmenes y parásitos entre animales y humanos; los autores publican los resultados de su trabajo en la revista Science.

Erizos, elefantes, pangolines, osos o zorros del desierto; muchas especies salvajes se venden como mascotas, trofeos de caza, para la medicina tradicional, la investigación biomédica o por su carne o piel, y estas prácticas, según han constatado los investigadores, afectan a una cuarta parte de todas las especies de mamíferos.

El equipo, liderado por la investigadora Cleo Bertelsmeier, evaluó el papel del comercio internacional de vida silvestre en la transmisión de patógenos entre animales y humanos, un vínculo que parecía obvio desde la llegada del COVID-19 -debido a la venta de animales en el mercado de la ciudad china de Wuhan– pero los científicos han subrayado que hasta ahora no se había realizado una cuantificación precisa.

El equipo combinó cuarenta años de datos sobre importación y exportación de fauna silvestre, tanto legales como ilegales, con compilaciones de relaciones huésped-patógeno, y sus análisis revelaron que los mamíferos silvestres que se comercializan tienen 1.5 veces más probabilidades de transmitir agentes infecciosos a los humanos que aquellos que no participan en el comercio, y que el riesgo es aún mayor cuando las especies se comercializan ilegalmente o vivas (como mascotas exóticas).

Según el equipo de investigación, el hallazgo más llamativo es que el tiempo que un animal lleva en el mercado juega un papel clave, ya que, de media, una especie comparte un patógeno adicional con los humanos por cada diez años que pasa en el mercado.

El estudio se centra en mamíferos salvajes (especies que no han sido domesticadas) y sobre las que los humanos no han ejercido una presión selectiva, como pueden ser los gatos, los perros, el ganado vacuno o los camellos.

Pueden ser individuos capturados en estado salvaje o criados en cautividad, por ejemplo para la producción de pieles, y esta categoría también incluye nuevas mascotas exóticas -zorros del desierto, nutrias, erizos pigmeos africanos, gatos leopardo o petauros del azúcar- cuya compraventa se ve impulsada por su popularidad en las redes sociales; y los datos analizados abarcan tanto el comercio de ejemplares vivos como el de productos derivados (pieles, escamas o cuernos).

Los investigadores han apuntado que la probabilidad de infectarse al tocar un piano con teclas de marfil o al usar pieles es prácticamente nula, pero el problema radica en el inicio de la cadena, ya que alguien tuvo que cazar al animal, despellejarlo y transportarlo.

El equipo se interesó inicialmente en el comercio de vida silvestre porque es una fuente de invasiones biológicas, ya que los individuos pueden escapar o ser liberados en la naturaleza y causar daños a los ecosistemas locales.

Pero esa actividad también puede tener otras dos consecuencias. Primero, el riesgo de extinción de especies debido a la sobreexplotación de poblaciones naturales; y segundo, el riesgo de intercambio de patógenos con los humanos, que es el tema central del trabajo publicado.

Y además del caso de la pandemia por el coronavirus que desencadena el COVID-19, los investigadores han recordado que en 2003 Estados Unidos se enfrentó a un brote de viruela del mono transmitido por perros de la pradera que eran vendidos como mascotas.

Los resultados del estudio resaltan la necesidad de mejorar la biovigilancia de los animales y los productos derivados de animales para detectar agentes infecciosos y evaluar su potencial de transmisión a los humanos, ya que el principal acuerdo multilateral que rige el comercio internacional de especies silvestres -la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES)- se centra exclusivamente en la prevención de la extinción.

Con información de EFE