Mara Lezama debe tender todas las redes, ofrecer lo que tenga que ofrecer, amenazar lo que tenga que amenazar, controlar lo que tenga que controlar…
En semanas recientes la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, se ha vuelto asidua visitante del despacho presidencial. A sus íntimos les ha dicho que tiene un encargo de la primera mandataria. Y éste no se relaciona con el puente Nichupte que algún día se inaugurará y que tal vez, también, algún día tendrá problemas en sus cimientos. Tampoco con la ampliación, más de cuarenta millones de pesos, del puente que comunica Chetumal con la zona libre de Belice, cuando a cinco minutos existe otro puente, moderno, amplio, que es el que se utiliza.
El tema, aceptan los que saben, es la próxima elección de gobernador. O sea, como era con los priistas, la elección del candidato que habrá de ganar con la inercia del voto de los beneficiados con los programas sociales.
Mara había expresado, hasta hace poco tiempo, públicamente su preferencia por el joven político arribista del VERDE, niño bien, sobrado de dinero e inexperiencia, Gino Segura, hoy senador. Los dados cargados los tiraba cada día la gobernadora, todo parecía tan cantado como irremontable.
El Niño Verde, Jorge Emilio González Martínez, es cacique en Quintana Roo, desde su lujoso departamento en Cancún. Controla a los políticos locales, y también, desde hace mucho tiempo, a todos los negocios que pueden relacionarse con el poder. La llegada al gobierno de Mara Lezama, cobijada por AMLO, estuvo dentro de sus ámbitos de acción. Bien a bien ya no nos acordamos si antes de ser morenista, lo era del partido Verde Ecologista, o viceversa.
A los niños verdes, con la camisa blanca de puños volteados, los zapatos de veinte mil pesos, sin calcetines, y el discurso tartamudo, les ha ido bien en este sexenio.
Ahora parecería que todo puede cambiar, o que ha comenzado a cambiar.
Por un lado, está el compromiso de amistad, hermandad, de Andrés Manuel con Rafael Marín Mollinedo, y por otro, con peso en la misma dirección la violenta separación de los verdes del proyecto de la señora Sheinbaum. El distanciamiento por la falta de apoyo a su proyecto de revolución electoral es de verdad, la dejaron sola y eso tiene un precio. Que supuestamente comienza y termina en Quintana Roo.
A la salida de la dirección Aduanas de Marín Mollinedo la Presidenta únicamente tuvo elogios para su trabajo de “excelencia”, lo cubrió políticamente, le dio un espacio propicio para hacer campaña desde Yucatán, y sobre todo lo puso en el tablero futurista con grandes oportunidades de ganar.
Las encuestas de MORENA para nombrar candidatos, es obvio, se deciden con un voto. Marín Mollinedo tiene, desde hace tiempo, el voto de Palenque. Y aparentemente esta cerca de obtener el voto de Palacio Nacional. Para que estos meses transcurran en calma, con la suficiente paz social y política para destapar a un candidato ajeno al partido Verde, se necesita que la gobernadora Mara Lezama tienda todas las redes, ofrezca lo que tenga que ofrecer, amenace lo que tenga que amenazar, controle todo lo que tiene que controlar.
Tiene que convertirse en una ejecutora política, de cara a una elección que no es suya, que no estará dictada por su voz o sus intereses.
Esto además de gobernar el Estado.
Veremos hasta donde lleva esta operación. La apuesta es quién saldrá con más golpes… hasta donde tiene capacidad de respuesta el Niño Verde, hasta donde puede la gobernadora, hasta donde importa lo que se decida en Palenque, cuánto valen los votos que le negaron a la primera mandataria… hagan sus apuestas señores, se cierran las puertas, comienza la pelea de gallos…
