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La responsabilidad es del gobierno. De quienes diseñaron, obligaron, una elección por acordeones, obligando un voto sin justificación. Y también de quienes aceptaron acudir a las urnas como borregos ciegos.

Miles y miles de mexicanos votaron para elegir ministros de la Suprema Corte en una apuesta, sin conocer a los candidatos, sin meditar, sin siquiera enterarse de qué atribuciones tiene ese poder. Llevados por instrucciones del partido político en el poder.

Necesitaban, los del gobierno actual, tener un poder judicial sumiso, contar con empleados incondicionales. Lo consiguieron. Todos los demás salimos perdiendo.

El escándalo protagonizado por la ministra María Estela Ríos González no es el único, ahí tenemos para sentir pena ajena, los exabruptos de la “ministra del pueblo”, Lenia Batres, sus disfraces, la falta de respeto a sus compañeros, su incapacidad para siquiera leer los documentos que presenta. Sin embargo, afirmar que los niños concebidos, que no “nacidos”, por fecundación en vitro “no forman parte de la familia” es aterrador. Es peor que todo lo que hemos visto de estos ministros.

Demuestra una ignorancia supina. En todo. En la parte legal, en lo cultural, en el más elemental conocimiento biológico, porque ni siquiera podía encontrar los términos exactos. Los hijos producto de una fecundación artificial, que no “nacidos” como aseguró, tienen todos los derechos legales, y, sobre todo, morales.

Materia que, también, desconoce la señora.

Lo gravísimo es que esta mujer fue la Consejera Jurídica de la Presidencia de la República. Inconcebible.

Estos ministros, los que gritan no ser corruptos y compran camionetas blindadas, los que gastan cientos de miles de pesos en comer en sus oficinas, los que van de gira para disfrazarse de “indígenas”, serán los que den validez jurídica a cualquier cantidad de temas, ocurrencias, cambios legales, que utilice el actual gobierno para perpetuarse en el poder, para controlar todas las instancias, incluido el Congreso.

Porque estas personas, supongamos que salvo excepción que desconozco, tan ignorantes como la señora Ríos, serán quienes aprueben el paquete de leyes secundarias que permitirán que la rechazada “reforma electoral” se convierta en realidad con todo lo que significa, es decir la concentración de poder en Palacio Nacional para lo que se ofrezca, incluyendo como quedó comprobado con el tema de las pensiones, leyes retroactivas que deberían ser inconstitucionales.

Tendremos, todo lo indica, diputados y senadores elegidos por rifas, votados por acordeones, que acumulan inexplicablemente fortunas y residencias millonarias, con el contubernio de estos ministros.

El tema de la fecundación en vitro no es menor. Hay que insistir que la señora confundió fecundación con nacimiento, como si no hubiese cursado educación superior, a la vez que otorgó o negó, no lo sabemos, validez legal a algo que es absolutamente obvio: quienes conforman el núcleo familiar.

¿Qué podemos esperar de esta supina ignorancia? ¿Qué podemos esperar de otras ministras que no saben leer acuerdos? ¿Qué podemos esperar del presidente de la Corte y sus disfraces?

Es qué, en verdad, nos merecemos estas autoridades, este poder judicial, esta suprema corte de broma…