
La salud mental debe estar al alcance de todos, pero los medicamentos controlados no pueden estar al alcance de cualquiera
La salud mental representa un problema creciente, con un impacto cada vez mayor en la salud pública y en las finanzas personales. El uso de medicamentos controlados ha aumentado de manera sostenida. La pregunta es inevitable: ¿realmente todos los pacientes los requieren?
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, una de cada ocho personas en el mundo vive con un trastorno mental. En México, los trastornos mentales representan alrededor del 19 % de la carga total de enfermedad por discapacidad, según datos de la Organización Panamericana de la Salud.
Lo preocupante es que menos del 30 % de quienes necesitan atención psiquiátrica la reciben de manera adecuada en México. Diversos factores influyen en esta realidad: el estigma social asociado a solicitar una valoración, el temor a que se haga público que alguien está en tratamiento y la limitada capacidad económica para costear consultas y medicamentos frecuentemente. En el sector público, para la mayoría de los pacientes, el seguimiento continuo es simplemente imposible.
El diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales deben ser realizados exclusivamente por profesionales de la salud debidamente autorizados, de aquí emerge una situación:
Hoy en día es cada vez más frecuente que médicos -entre ellos psiquiatras- utilicen redes sociales como TikTok o Instagram para difundir información. Esto puede ser positivo, pues rompe la barrera tradicional que presentaba al médico como una figura distante y excesivamente reservada, permitiendo conocer al profesional en un formato más cotidiano y cercano. Sin embargo, el paciente tiene una responsabilidad ineludible: verificar que el profesional cuente con cédula profesional, acreditaciones y certificación vigente ante el consejo correspondiente.
Si bien los medicamentos para tratar ansiedad, depresión o trastorno obsesivo compulsivo constituyen herramientas terapéuticas fundamentales, su uso sin la supervisión de un especialista no es inocuo. El consumo crónico de benzodiacepinas puede generar dependencia, tolerancia y síndrome de abstinencia. En adultos mayores, se asocia con un mayor riesgo de caídas y deterioro cognitivo; en combinación con alcohol u opioides, puede provocar depresión respiratoria potencialmente grave.
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Aunque la venta de medicamentos en farmacias establecidas requiere receta médica con especificaciones precisas, es conocido que existe un mercado negro que facilita su adquisición. Esta práctica favorece una falsa sensación de alivio, sin abordar la causa base del malestar.
Problemas para dormir, irritabilidad, pensamientos negativos o episodios de ira pueden ser manifestaciones iniciales de un trastorno psicológico o psiquiátrico de base que requiere evaluación integral.
La salud mental debe estar al alcance de todos, pero los medicamentos controlados no pueden estar al alcance de cualquiera. Sin diagnóstico, no hay tratamiento y sin tratamiento adecuado, solo hay dependencia.
Dr. Maximiliano Téllez-Girón