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Son sus niños.

Es decir, sus hombres.

Las víctimas de la reacción criminal al operativo militar en Jalisco, oficialmente 25 porque hay heridos graves, son miembros de la Guardia Nacional.

Gente muy joven, de enjundia, de fibra dirían los militares, que creen en los valores del uniforme militar, que defienden a su patria en operativos o en sus cuarteles donde fueron acribillados.

Por eso la emoción del Jefe. Del responsable. De quien les ordena. Del hombre que está a cargo de todos, absolutamente de todos los soldados, oficiales y jefes del Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional.

Incontenible.

Se le quebró la voz, se le quebró el alma al líder.

El general Ricardo Trevilla Trejo ha servido en el Ejército por casi cincuenta años. Ha obedecido y ha mandado todos los días de este, largo, tiempo. Ha sido subordinado, compañero y jefe de cientos, miles de militares. Eso conforma un “espíritu de cuerpo” difícil de comprender para los civiles, una hermandad responsable.

De ahí, del fondo de su ser, vino la expresión emocional. Doblemente significativa porque el general Trevilla es duro, en verdad duro. Difícil. Estricto. Severo en exceso, incluso se podría calificar como áspero. Sin embargo, el dolor fue mayor que cualquier coraza.

Antes, de una forma magistral, abierta, había comunicado los entretelones del operativo militar, exclusivo del Ejército Mexicano, que llevó a la captura de un criminal muy cruel, que había huido de las autoridades por mucho tiempo. Paso a paso, desde el seguimiento a la novia, fue contando en cadena nacional cómo se dio este éxito, que a su propio decir es un fortalecimiento del Estado Mexicano.

Con términos civiles, y también militares como la expresión del “planeo”, llevó a su auditorio a una narrativa impecable. Un verdadero parteaguas en comunicación militar. Recordemos que hace años, como director de comunicación social, después de la guerra de Chiapas, le correspondió transformar, “aperturar” dirían en lenguaje castrense, precisamente esa comunicación.

Lo hizo tan puntillosamente que todos los rumores, hasta las fotografías de los héroes extranjeros que habían “capturado” a Oseguera, desaparecieron. Sin ninguna duda se estableció cómo se realizó un operativo que había sido casi incruento, pocas víctimas si consideramos la capacidad de fuego real que tenían los narcotraficantes, incluyendo lanzacohetes.

A su gente, a los muchachos de la Guardia Nacional, se los mataron después, en su cuartel.

Trevilla Trejo es incapaz de demostrar sus sentimientos en público, a ratos hasta parece alemán, idioma que domina, país donde residió. Por eso es tan extraordinaria la forma en que se le rompió la voz, se le llenaron de lágrimas los ojos, y la forma también excepcional en que se recompuso en cuestión de segundos.

Lo cierto es que se rompió el alma. Y a muchos, a millones de mexicanos, debería también de quebrarse algo por la muerte de 25 militares, integrantes de la Guardia Nacional que, simplemente, cumplían con su deber en una tranquila mañana de domingo.