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Trump bajo presión, el análisis de Daniel Zovatto
Donald Trump. Foto de EFE

Los resultados de la última encuesta exclusiva de CNN constituyen una señal de alerta para el presidente Donald Trump.

Solo el 36 por ciento aprueba su gestión, mientras que el 48 por ciento la desaprueba, el nivel más bajo registrado para un presidente estadounidense en el momento de su primer discurso ante la nación durante un segundo mandato.

Más preocupante aún es la erosión transversal de su base de apoyo: entre los independientes, la aprobación se ubica en solo 26 por ciento, con un contundente 73 por ciento de desaprobación; entre los latinos, el respaldo se ha desplomado 19 puntos en un año; y también se observan retrocesos significativos entre los mayores de 45 años, así como entre hombres y votantes blancos, dos pilares centrales de su coalición electoral de Trump.

Este deterioro refleja una brecha creciente entre la narrativa presidencial y la percepción ciudadana. De cara a su próximo discurso del Estado de la Unión, Trump previsiblemente reivindicará los logros de su segundo mandato y atribuirá las dificultades actuales a la herencia recibida. Sin embargo, los datos sugieren que la opinión pública no comparte ese diagnóstico.

El 57 por ciento de los encuestados exige que el presidente priorice la economía y el costo de vida, precisamente el eje que impulsó su victoria electoral y que hoy se ha convertido en su principal vulnerabilidad. La inmigración, en cambio, aparece muy por detrás, con apenas un 13 por ciento, en un contexto además marcado por crecientes críticas a los métodos de aplicación de la política migratoria (entre ellos excesos injustificados de ICE en Minneapolis que costaron la vida a dos ciudadanos norteamericanos).

La percepción de desconexión es aún más profunda: un 68 por ciento considera que el presidente no está enfocado en resolver los problemas reales del país.

Estas cifras adversas coinciden con un revés institucional significativo, luego de que la Corte Suprema declarara ilegales los aranceles impuestos por la Casa Blanca, estableciendo un límite claro al uso expansivo de las prerrogativas presidenciales. Al mismo tiempo, el aumento de las tensiones con Irán, en medio de un despliegue militar en el Golfo Pérsico, añade un frente geopolítico adicional en un momento políticamente delicado.

Con las elecciones de medio término a menos de ocho meses —convertidas de facto en un referéndum sobre los primeros dos años de su segundo mandato—, el discurso presidencial de esta semana adquiere una relevancia estratégica singular. Más que un balance, será una prueba decisiva de su capacidad para recuperar la iniciativa política y reconectar con un electorado crecientemente escéptico.