Sorprende que Andrés Manuel haya ido terminando tantas relaciones entrañables, con tantos a los que llamó “hermanos”
Cuando llegas a cierta edad, únicamente te quedan tus amigos.
Todas las otras relaciones, de conveniencia, de coincidencia, interesadas, incluso originadas en la pasión, se han quedado muy atrás.
Por eso sorprende que Andrés Manuel, de acuerdo con el relato puntual de Julio Scherer y Jorge Fernández Menéndez, haya ido terminando tantas relaciones entrañables, con tantos a los que llamó “hermanos”, o que lo ayudaron en los peores días de su vida.
Uno de ellos Miguel Mancera que, vaya que existe el olvido social, fue uno de sus abogados cuando el desafuero, a quien no le volvió a dirigir la palabra después de insistir en que fuese el candidato al gobierno de la Ciudad. Otro, el caso más dramático, Cesar Yáñez que por años prácticamente vivió con AMLO, a quien no le perdonó la publicitación de su boda en la revista “Hola”. A lo que hay que agregar al cineasta Luis Mandoki, a Dante Delgado.
Detrás de estas rupturas hay un motivo “imperdonable” ante la mirada severa del tabasqueño, un pecado inconcebible. Y como en las telenovelas turcas, la despedida es para siempre.
Con Julio Scherer no hubo rompimiento. Se despidieron abrazados, López Obrador le hizo un homenaje público.
¿Por qué, inexplicable, el silencio posterior, la ausencia de una defensa a su “hermano”?
Scherer estuvo con él cuando pocos querían acompañarlo.
“Había muy pocas personas que querían estar con él cuando no había campaña electoral. Su circulo se redujo dramáticamente. La gente le huía, nos quedamos poquititos y ayudábamos en lo que podíamos… después se incorporaron nuevas personas, nos tocaban algunos espantosos, horrorosos que venían de otros partidos, pero lo considerábamos un logro… llevar candidatos, llenas plazas lo ayudaba mucho”.
Scherer también relata la infinita tolerancia hacía algunos “colaboradores”, como con Adán Augusto López, Manuel Bartlett, entre otros. Con el tabasqueño le dijo a Scherer: “Tú deja que Adán haga lo que quiera”. Cuando era candidato a gobernador en Tabasco. Su cercanía con AMLO fue la razón para que su cuñado, Rutilio Escandón fuese candidato a gobernador en Chiapas, a quien se califica en el libro: “… no fue un candidato fácil ni bueno, sino todo lo contario. Fue el peor candidato que nos tocó, fue pavoroso, no quería salir de su casa… sólo Andrés lo aguantaba”.
También hablando de candidatos a gobernadores refiere como le ofrecieron la candidatura en alianza a Cuauhtémoc Blanco: “Era el pragmatismo ab soluto, no importaban los ideales, lo que importaba era que ganáramos las elecciones y así ganamos Mórelos, con todos los inconvenientes que hoy le vemos a este señor”.
Después se refiere a la relación con sus subordinados ya como Presidente de la República: “Andrés Manuel era incapaz de correr a las personas. Pero el frío político que generaba era como un iceberg. Era espantoso… era como si se te hubiera acabado el mundo… El gobernaba, él decidía, él actuaba, él conversaba, él estaba en todo”.
Y, para terminar, tanto que escribir del libro de Scherer, la pregunta de por qué protegió tanto a Bartlett: “Uno de los problemas de corrupción llevó a la salida de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval. Fue el de los ventiladores que vendió el hijo de Barttlett en Puebla… el Presidente siempre trataba de atemperar, siempre trataba de que no hubiera problemas entre los secretarios… la secretaria de la Función Pública se empeñó en seguir la investigación, el Presidente hubo un momento en el que se desesperó y entonces vino la salida abrupta de Irma”.
O sea, le “desesperó” que se hiciera una investigación…
