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Estados Unidos tiende la mano a Europa, pero con una “revitalización” de los lazos bajo sus términos
Imagen de archivo del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio. Foto de EFE/EPA/GIAN EHRENZELLER

Estados Unidos intentó calmar las tensiones en las relaciones transatlánticas, al asegurar a los líderes europeos que el país no busca separarse de Europa, sino revitalizar una vieja amistad, aunque también dejó claro que ésto deberá hacerse bajo los términos y la visión del nuevo orden mundial del presidente Donald Trump.

“En una época en la que los titulares anuncian el fin de la era transatlántica, que quede claro para todos que este no es ni nuestro objetivo ni nuestro deseo, porque para nosotros, los estadounidenses, nuestro hogar puede estar en el Hemisferio Occidental, pero siempre seremos hijos de Europa”, dijo el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Tras meses de desencuentros por las amenazas arancelarias y el deseo anexionista de Trump sobre la isla autónoma danesa de Groenlandia sus palabras fueron recibidas con aplauso.

No buscamos separarnos de Europa, sino revitalizar una vieja amistad y renovar la mayor civilización en la historia humana”, señaló Rubio en discurso esperado por los líderes europeos, que temían que pudieran repetirse las duras críticas a Europa efectuadas el año pasado en el mismo escenario por el vicepresidente de EE.UU, JD Vance, que hicieron anticipar el cambio de actitud de la Administración Trump hacia el Viejo Continente.

Vance afirmó entonces que la amenaza para Europa no provenía de Rusia o de China, sino de su interior, y denunció la retirada de “algunos de sus valores más fundamentales”, señalando lo que consideraba una falta de libertad de expresión, con cordones sanitarios y vetos a “voces alternativas”, como la ultraderecha y los populistas de izquierda.

Un tono conciliador

Rubio sostuvo que Estados Unidos quiere “que Europa sea fuerte” y una Europa que “sobreviva”, porque, dijo, las dos grandes guerras del siglo pasado “son un recordatorio constante de que, en última instancia, nuestro destino está y siempre estará entrelazado”.

También quiso destacar la contribución de los aliados en la guerra de Corea o Afganistán, después de que Trump dijera que se mantuvieron “un poco alejados” en el frente afgano, lo que fue recibido como una nueva humillación.

El secretario de Estado admitió incluso que la Administración Trump “puede parecer un poco directa y urgente” en sus “consejos”, lo que suscitó alguna risa.

Aunque el tono fue diferente al de Vance, el secretario de Estado de EE.UU. dejó claro que la revitalización de la amistad con los europeos debe hacerse bajo las condiciones de Trump, ya que “el ayer ha terminado” y “el futuro es inevitable”, bajo el nuevo orden mundial.

El camino marcado por Trump

Rubio llamó a Europa a resolver los “errores del pasado”, como, dijo, haber entrado en una “peligrosa ilusión” tras la caída del Muro de Berlín, la de que “toda nación sería ahora una democracia liberal, que los lazos formados por el comercio reemplazarían la idea de nación, que el llamado orden global basado en reglas sustituiría el interés nacional, y que viviríamos en un mundo sin fronteras donde todos serían ciudadanos del mundo”.

Rubio sostuvo que la ONU “no fue capaz” de resolver las guerras en Gaza y en Ucrania, no supo “contener” el programa nuclear iraní, ni tampoco hacer frente “a la amenaza a nuestra seguridad del dictador narcoterrorista en Venezuela”, por lo que, arguyó, Estados Unidos tuvo que asumir el “liderazgo”.

Sí sostuvo que “no necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos” tras la Segunda Guerra Mundial, “ni necesitamos desmantelar las instituciones globales del antiguo orden que construimos juntos”, sino “reformarlas, reconstruirlas”.

Entre alivio y advertencias

“Sabemos que él es un socio real”, dijo el ministro alemán de Exteriores, Johann Wadephul, tras el discurso, si bien su colega de Defensa, Boris Pistorius, advirtió de que la alianza transatlántica “también debe tener sentido para Europa”, porque “cuestionar la integridad territorial y la soberanía de un miembro de la OTAN” y excluir a los aliados europeos de las negociaciones de paz entre Ucrania y Rusia “daña nuestra alianza”.

Fue precisamente la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, la que llamó a la cautela, al afirmar en Múnich que la crisis de Groenlandia “desafortunadamente no ha pasado”.

Además, como recalcó el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, el mensaje “tranquilizador” como lo describió el presidente de la Conferencia de Seguridad, Wolfgang Ischinger, no implica que Europa cambia de rumbo después de su despertar sobre la nueva realidad transatlántica.

“Este mensaje, que fue tan bien recibido, no va a cambiar nuestra estrategia. Lo dicho hoy (por Rubio) lo hemos escuchado en el pasado por administraciones demócratas y republicanas. Queremos construir una Europa fuerte e independiente”, sentenció.

Con información de EFE